La profecía de consuelo de nuestro capítulo se centra principalmente en las tribus de Israel, mientras que la consolación para Iehudá llega como una falta de alternativa. En los días de Yoshiau, Irmiahu consuela a Israel y tiene dificultades para consolar a Iehudá.
La profecía de consolación de nuestro capítulo se centra principalmente en aquellos llamados Iaacov e Israel: "Y es el tiempo de angustia para Iaacov, mas él será librado de ella" (versículo 7); "Y tú no temas, oh siervo mío Iaacov... Iaacov, pues, volverá, y estará quieto y tranquilo, y no habrá quien le espante (versículo 10); "He aquí que Yo volveré a traer a los cautivos de las tiendas de Iaacov... (versículo 18). ¿Por qué menciona Irmiahu a "Iaacov", que simboliza las diez tribus, tantas veces?
En otro pasaje el profeta se ocupa de Iehudá: "Porque así dice el Señor: Tu llaga es mortal, y maligna es tu herida... Todos tus amantes te olvidaron; no se curan de ti; porque con golpe de enemigo te herí, con castigo de cruel... Mas yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová" (versículos 12-14-17). Del contexto del versículo queda claro que la consolación aquí es para Iehudá. Pero la consolación para Iehudá se dice solo porque Tzión ha llegado a una situación vergonzosa: "por cuanto te han llamado "Desechada"; (diciendo): "¡Ésta es Tzión, de quien nadie se cura ya!" (versículo 17). No hay quien busque a Tzión y por tanto Dios se ve obligado a consolarla.
De manera similar encontramos la "discriminación" entre las tribus de Israel y Iehudá en la profecía de la época de Yoshiahu, que figura al comienzo del libro. Allí Irmiahu profetiza una profecía de consuelo para Israel: "Anda, pues, y proclama estas palabras hacia el norte, y dirás: Vuélvete, oh libertina Israel..." (capítulo 3, versículo 12). Pero su hermana Iehudá no recibe tal profecía de consuelo sino: "Pues así dice el Señor a los hombres de Iehudá y de Ierushalaim... Circuncíndense para el Señor, y quiten los prepucios de vuestros corazones, oh hombres de Iehudá y moradores de Ierushalaim, no sea que salga, como fuego, Mi ira, y arda de modo que no haya quien la apague, a causa de la maldad de vuestras obras" (capítulo 4, versículos 3-4).
En el período de Yoshiahu, el profeta tiene dificultades para consolar al reino de Iehudá y se focaliza en el retorno de las tribus de Israel a la tierra. Los Sabios contemplaron a Irmiahu como quien buscó hacer regresar a las tribus de Israel a la tierra: "Que Irmiahu las hizo regresar y Yoshiahu reinó sobre ellas" (Meguilá 14b). Así también el capítulo 30 se ocupa principalmente de la consolación de Israel, y apenas menciona la consolación de Iehudá, que vendrá solo porque "desechada llamaron a Tzión" (versículo 17), todo esto porque en este momento Iehudá está destinada al castigo y no hay escape, y debido a ello realmente no se le puede consolar. Las tribus de Israel, por el contrario, que ya se encuentran en el exilio, están "destinadas" en los días de Yoshiahu a la consolación y por ello Irmiahu puede consolarlas.