¿Acaso se pueden plantear argumentos en defensa de David?

¿Acaso se pueden plantear argumentos en defensa de David?

No negamos el pecado de David, pero tampoco olvidamos su grandeza antes y después del mismo, y su enorme capacidad para reconocer el pecado y arrepentirse. De aquí, aprendemos un principio importante: no debemos reducir a la persona al acto del pecado, por grave que el mismo sea.

En el episodio de David y Bat Sheva, leemos acerca de graves hechos cometidos por David. ¿Cómo es posible conciliar la grandeza de David, el “cantante de Israel”  (aludiendo a David) con estos hechos? ¿Por qué siguió reinando aun después de esos hechos? ¿Y por qué es considerado uno de los siete patriarcas del pueblo judío, los “ilustres visitantes” que llegan en Sucot a nuestra Sucá, y se dice que de su descendencia saldrá el Mashiaj?¿Acaso se puede conciliar esta dificultad mediante argumentos en defensa de David?

Una  opción para plantear argumentos en defensa de David,  es decir que lo que aparentemente se percibe como una transgresión no lo es, o que en realidad, el hecho no es tan grave como parecía al principio. La primera vía es la que utilizaron Jazal, nuestros Sabios de Bendita Memoria, al decir: “Todo aquel que sostiene que David pecó, se equivoca” (Shabat 56a). Así, por ejemplo, se explica que en esos tiempos se acostumbraba a que aquel que salía a la guerra, le concedía el divorcio a su mujer, y por eso, Uriá no estaba casado con Bata Sheva, y el rey David no cometió adulterio. Además se explicó que Uriá era considerado un rebelde contra el reino y su muerte es un castigo apropiado para dicha rebelión. El que busque causas atenuantes, podrá encontrarlas en el hecho de que David entendió lo incorrecto de su primer acto, e intentó enmendarlo y evitar la escalada, y sin embargo, la negativa de Uriá a cooperar con el proceso,  provocó un deterioro adicional, y así llegó David al último y grave movimiento.

Otra opción defensiva a fin de conciliar la dificultad, no reniega en absoluto de la gravedad de los actos realizados. Dicha vía, que a mi criterio, refleja un principio ético importante, sostiene, que la persona, toda persona, es más que el acto más grave que hizo alguna  vez, y que se puede retornar y arrepentirse de los pecados más graves que haya podido realizar. Conforme a esta postura, no es necesario negar los duros actos del rey David a fin de reconocer su grandeza.

En muchas ocasiones, en nuestra época vemos que el acto transgresor de una persona se convierte en parte de su definición social como sujeto. De este modo, el concepto “delincuente”, a veces es utilizado de una forma que define la esencia interior y las cualidades del carácter de la persona, y no sólo el hecho de haber ejecutado un acto considerado como transgresión de una ley. Y el que purga su condena recluido en la cárcel es un “preso”, y siempre será un “preso liberado”. Dichas etiquetas incidirán en el resto de su vida y en su capacidad de reinsertarse en la vida normal.

A partir del episodio de David y Bat Sheva, aprendemos acerca del aspecto humano y del valor del arrepentimiento y el retorno. No debemos reducir a la persona al acto transgresor, por grave que el mismo sea. Esto debe ser contemplado en toda persona y también en el caso del rey David: debemos recordar la reprimenda moral y social del profeta Natán. Y además, recordamos la vida plena de David y su grandeza, antes y después del acto. Y al respecto, pude decirse, tras su confesión, su arrepentimiento y su castigo, ya que su pecado es muy grande pero también su expiación.

Gentileza sitio 929

 

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