Javakuk lanza palabras duras hacia lo Alto, hacia Dios. ¿Y cuál es la respuesta?
En el capítulo 1, Javakuk contempla el ascenso de los caldeos para heredar las extensiones del imperio asirio, y con ello el endurecimiento del yugo sobre el reino de Iehudá. ¿Por qué se desvaneció la esperanza que Mijá había suscitado sobre el florecimiento de Iehudá, y en lugar de Ashur, Asiria vendría un reino aún más cruel? Sobre esto se lamentó Javakuk en su primera profecía:
"¿Hasta cuándo, oh Señor, he de clamar, sin que oigas, daré voces a Ti, a causa de la violencia, sin que salves? ¿Por qué me haces ver la iniquidad, y Tú mismo miras la maldad?... Por tanto, se debilita la ley, y la justicia no sale nunca, porque el inicuo cerca al justo; por tanto sale el derecho pervertido" (capítulo 1, versículos 2-4)
Javakuk, con el corazón amargado por la suerte de Ierushalaim, lanza palabras duras hacia lo Alto.
La respuesta a su pregunta parecería estar dada explícitamente en el libro de Melajim. Son los días de Menashé hijo de Jizkiahu, quien destruyó — y tras él también su hijo Amón — todo el camino del servicio a Dios que su padre Jizkiahu había construido, y convirtió a Ierushalaim en una ciudad idólatra con los lugares altos del Tofet en el valle de Ben-Hinom e incluso en el propio Templo. Y así dijeron los profetas del Señor en los días de Menashé:
" Por cuanto Menashé, rey de Iehudá, ha hecho estas abominaciones, habiendo hecho lo malo más que todo lo que hicieron los emorim antes de él, haciendo pecar también a Iehudá con sus ídolos; por tanto, así dice el Señor, Dios de Israel: "He aquí, voy a traer tal calamidad sobre Ierushalaim y Iehudá, que a todo el que oiga de ello le retiñirán ambos oídos." (Melajim II, capítulo 21, versículos 11-12)
Pero Javakuk insiste en su postura:
“Tú eres de ojos demasiado puros para mirar el mal, ni puedes contemplar la iniquidad; ¿por qué, pues, contemplas a los pérfidos, y guardas silencio mientras el inicuo se traga al que es más justo que él” (capítulo 1, versículo 13)
Pues aunque Menashé sea malvado, sigue siendo relativamente más justo que Nevujadnetzar rey de Bavel, Babilonia, el impío — ¿y por qué habría de ser entregado en sus manos?
En nuestro capítulo, el capítulo 2, Javakuk se mantiene firme en su puesto hasta recibir respuesta de Dios, a su pregunta:
"Me pondré sobre mi puesto de guardia, me colocaré sobre la atalaya, y estaré alerta para ver qué me dirá Él" (versículo 1).
La respuesta es más profunda que el mar, y traeremos únicamente su último versículo en nuestro capítulo:
"El Señor, empero, está en Su santo templo: ¡guarde silencio delante de Él toda la tierra!" (versículo 20):
Dios, efectivamente se manifiesta, y con su sola aparición desaparecen de repente todas las dudas y todos los cuestionamientos.