¿Cómo se preserva la identidad del pueblo sin tierra, sin estado y sin templo? ¿Cómo se enfrenta la división del pueblo? ¿Y cómo se mantiene el vínculo con Dios en tales circunstancias? Con todos estos desafíos y más se enfrenta el profeta Yejezkel.
El libro de Yejezkel abarca un período de aproximadamente 22 años, descritos como años decisivos para el pueblo de Israel: desde el quinto año del exilio del rey Yehoiajín (año 593 a.e.c.), hasta aproximadamente quince años después de la destrucción del Primer Beit HaMikdash, el Gran Templo, y veintisiete años después del exilio de Yehoiajín (año 571 a.e.c.). En estos años fue necesario enfrentar por primera vez circunstancias sin precedentes en toda la historia del pueblo de Israel:
En primer lugar, el enfrentamiento con la existencia del pueblo en esa época en dos centros – uno en Iehudá y el otro en Bavel, Babilonia – donde en cada uno de ellos existe un grupo que preserva una identidad diferenciada.
En segundo lugar, la destrucción del Beit HaMikdash y el exilio del pueblo en estos años de su tierra crearon una situación donde fue necesario por primera vez enfrentar el desafío de preservar la identidad del pueblo también en ausencia del Gran Templo, en el exilio, desconectado de su tierra y sin independencia política.
Parece que la profecía de Yejezkel fue dada a los exiliados que fueron con él en el exilio de Yehoiajín a Bavel.
El propósito de las profecías de Yejezkel en los años que precedieron a la destrucción es informar al pueblo que Dios abandonó su templo en Ierushalaim; por ello describe detalladamente el acto del carro divino y los viajes de la gloria de Dios hacia fuera del Gran Templo (principalmente en el capítulo 1 y en los capítulos 10-11). Más aún, enfatiza que la destrucción del Beit HaMikdash es solo cuestión de tiempo, y que en realidad ya en los años anteriores a la destrucción, Ierushalaim está impura y la gloria de Dios no está en ella (1:28-3:15; 24:15-27) y la función del profeta es ser 'centinela' de lo que sucede (3:17-21; 33:1-9). También los actos simbólicos del profeta (principalmente en los capítulos 4-5) refuerzan este mensaje, cuyo clímax está en la descripción de los pecados del pueblo y la corrupción de la ciudad (principalmente en los capítulos 8-11, 16, 23).
La destrucción del Gran Templo y el exilio del pueblo de su tierra plantean al pueblo dificultades adicionales a las que se refiere el profeta en sus profecías:
¿Cuál es la concepción del castigo para el individuo? (capítulos 14, 18 y 33),
¿Cuál es la actitud deseada hacia Bavel? (capítulo 17),
¿Cuál es el estatus del pacto entre el pueblo de Israel y Dios, ahora después de que fue violado por el pueblo y el Beit HaMikdash fue destruido? (principalmente en los capítulos 20 y 36).
La respuesta profética a estas preguntas también establece la base para entender el carácter de la redención de Israel en el futuro (en los capítulos 34-48), así como sus profecías a las naciones (en los capítulos 25-32) – los capítulos en los que está contenido el propósito de los mensajes proféticos del libro.
Editado por el equipo del sitio del Tanaj.
Cortesía sitio VBM de la Academia Rabínica “Har Etzion”.