¿Quién es el enemigo?

¿Quién es el enemigo?

La identidad del enemigo descrito en nuestro capítulo puede entenderse de distintas maneras. Según los Sabios, el enemigo descrito no es externo sino interno, y la manera de vencerlo es un pequeño versículo: "y rasguen vuestros corazones y no vuestros vestidos" (versículo 13).

La misma imagen aparece en los sueños-profecías de Yoel una y otra vez: una gran tormenta de fuego viene del norte, consume toda la vegetación y desaparece dejando tras de sí una tierra abrasada. Esta imagen real-simbólica lleva consigo una doble interpretación: tanto la descripción de un enemigo real que viene con su espada a destruir y aniquilar a los seres humanos, "como pueblo fuerte, puesto en orden de batalla" (versículo 5), como también una imagen de fuego: "como el ruido de llamas de fuego que devora el rastrojo" (versículo 5).

Sobre estas dos imágenes se erige una tercera, descrita en el capítulo anterior: la imagen de la langosta que se extiende sobre los campos, consume todas las cosechas y deja tras de sí ruina y destrucción. Hay fuego que los seres humanos encienden en sus guerras, y hay fuego de accidentes naturales; hay fuego real y hay fuego simbólico. De una forma u otra, este fuego deja tras de sí una "tierra abrasada", un campo despojado de sus frutos. La gente muere.

"Su aspecto es como el aspecto de caballos; y como caballería, así corren. Saltan sobre las cumbres de las serranías con un ruido semejante al estruendo de los carros de guerra" (versículos 4-5) — también la descripción de los caballos que avanzan velozmente puede servir para ambos ataques: un ataque humano y un ataque de los insectos devoradores de la cosecha. La presencia de la partícula comparativa "como" refuerza la segunda posibilidad: ese aterrador enemigo aparece como caballos, pero no es idéntico a ellos. Por ello es más probable que la descripción hable del fenómeno conocido por la ciencia: esa aterradora mutación que se produce en los insectos de la langosta durante una plaga, cuando cambian de color y naturaleza y se transforman de inocentes saltamontes verdes en grandes y oscuras bestias de presa, como en una imagen surrealista, como en una película de terror.

En la visión profética y en sus pesadillas, Yoel ve la muerte avanzando velozmente, sin remedio frente a ella salvo la promesa del Señor: "Y alejaré de vosotros a aquel (enemigo) norteño" (versículo 20). ¿Quién es ese "norteño"? ¿El cruel enemigo que avanza desde el norte? ¿La ráfaga de viento que trajo la bandada de langostas? Los Sabios señalan a otro "norteño" más: el instinto del mal. El enemigo no es externo sino interno, y el supertanque que apagará el incendio norteño es un pequeño versículo: "y rasguen vuestros corazones y no vuestros vestidos" (versículo 13). Dejen los gestos externos, quemen al enemigo que mora en el corazón, pues allí está el foco de ignición.


Gentileza sitio 929.

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