Al igual que Joní HaMeaguel (Sabio judío del siglo I a.e.c.), también Javakuk se mantiene firme y aguarda la respuesta de Dios. Y la respuesta es clara: el éxito del tirano no perdurará; también él beberá de la copa del veneno, la misma copa con la que hizo beber a otros pueblos.
Tras quejarse por el ascenso del reino malvado de los caldeos y su éxito, Javakuk se mantiene firme aguardando la respuesta del Señor. El profeta está como un centinela en tiempo de sitio que espera ver qué ocurrirá, permanece en su puesto de guardia y aguarda la respuesta del Señor a sus argumentos:
"Me pondré sobre mi puesto de guardia, me colocaré sobre la atalaya, y estaré alerta para ver qué me dirá Él, y qué responderá tocante a mi queja" (versículo 1).
Rashi, en su comentario a este versículo, cita un Midrash que compara la acción del profeta con la de Joní HaMeaguel:
"Trazó Javakuk un círculo y se situó dentro de él, y dijo: no me moveré de aquí hasta que escuche qué me dirá en respuesta a esta mi pregunta: por qué contempla y ve el éxito del malvado, y qué responderé a quienes vengan a disputar ante mí."
Hay quienes explican que con las palabras "qué responderá tocante a mi queja" el profeta quiere decir: qué responderá Él a mi repreimenda, pero por respeto hacia Dios lo reformula diciendo "qué responderé". Y en efecto, Dios le responde al profeta y le ordena escribir la visión y grabarla sobre las tablas. La visión debe escribirse, pues no se cumplirá de inmediato. La escritura demostrará que el profeta la previó de antemano. Javakuk recibe la buena nueva de que la profecía se cumplirá en el plazo que le ha sido fijado: "Porque la visión todavía tardará hasta el plazo señalado, y habla del fin (de los tiempos) y no mentirá; aunque tardare, aguárdala, porque de seguro vendrá, no tardará" (versículo 3).
Ahora el profeta nos transmite la visión que ha vislumbrado: el éxito del tirano no perdurará; también él beberá de la copa del veneno, la misma copa con la que hizo beber a otros pueblos.
Los versículos son algo herméticos, pero aun así es posible intuir la intención de las palabras:
"En verdad, el vino es traidor; (así) es el hombre arrogante que no se queda en su casa, que ha ensanchado como el infierno su apetito, y es como la muerte, que no se sacia; por eso junta para sí todas las naciones, y recoge a sí todos los pueblos" (versículo 5).
El bebedor de vino, sumido en la embriaguez y los placeres, no se queda en su morada; no descansa en su hogar. Siempre va de un lugar a otro para conquistar más pueblos. El apetito de los hombres de Bavel, Babilonia se asemeja al sheol que aspira a engullir a todos los vivientes, y a la muerte que jamás queda saciada. También el profeta Yeshaiahu emplea una imagen similar: "Por eso el sepulcro ensanchará su interior y abrirá sin medida su boca..." (Yeshaiahu, capítulo 5, versículo 14).
Como la muerte que no conoce saciedad, así los arrogantes caldeos conquistan muchos pueblos y los deportan. Pero en el futuro la rueda se dará vuelta:
"¿No se levantarán de repente los que te han de morder, y se despertarán los que te han de vejar, de modo que serás tú despojo para ellos? Por cuanto tú has saqueado a muchas naciones, todo el residuo de los pueblos te saquearán a ti..." (versículos 7-8).
Editado por el equipo del sitio del Tanaj.
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