Buscar el Jametz con velas

Buscar el Jametz con velas

La profecía habla de una búsqueda dentro de Ierushalaim en pos de los hombres que son como el Jametz — los que permanecen asentados sobre su pasividad, y dejan fermentar la oportunidad de la revolución de Yoshiahu.

El Talmud en el tratado de Pesajim (7) trae como apoyo del texto bíblico para que la búsqueda del Jametz en la víspera de Pesaj deba realizarse a la luz de la vela el versículo de nuestro capítulo:

"Y sucederá en aquel tiempo que Yo registraré a Ierushalaim con candelas (velas)" (versículo 12)

Lo que implica que toda búsqueda debe hacerse a la luz de la vela.

La comparación parece algo forzada hasta que contemplamos el versículo completo:

"Y sucederá en aquel tiempo que Yo registraré a Ierushalaim con candelas, y castigaré a los hombres que (como vino) complacientes, los cuales dicen en su corazón: ¡El Señor ni hace bien ni hace mal!... ¡Cercano está el día grande del Señor!, cercano está, y se apresura mucho; óyese el estruendo del día del Señor: ¡aun el valiente clamará entonces con amargos lamentos!... día de tinieblas y de espesa oscuridad, día de nubes y de densas tinieblas." (versículos 12-15)

Ierushalaim no se ha perdido, y en todo caso es suficientemente grande como para no poder ser registrada con candelas. La profecía habla de una búsqueda dentro de Ierushalaim en pos de los hombres que permanecen asentados sobre su pasividad, los complacientes, exactamente igual que el Jametz es la masa que permanece asentada, sin que se apresuren a amasarla y hornearla. El profeta habla del día del Señor que nos recuerda en todas las profecías al Éxodo de Egipto y a la intervención de Dios en las fuerzas de la naturaleza para la revolución religiosa de la revelación de la fe en Su presencia; y hay en sus palabras también alusiones a la plaga de las tinieblas, próxima a Pesaj, y al amargo clamor que hubo en la plaga de los primogénitos.

Tsfaniá profetizó aquí en vísperas de la gran revolución religiosa de Yoshiahu rey de Iehudá (Melajim II 22-23), cuando encontró el libro del pacto en el Templo con la severa reprimenda escrita en él. Juldá la profetisa sostuvo que ya era demasiado tarde para salvar a Ierushalaim de su destrucción. Pero Yoshiahu decidió hacer todo lo posible para salvarla, e hizo un pacto con todos los habitantes de Ierushalaim para seguir los mandamientos del Señor. Selló el pacto con el sacrificio de Pesaj en el Templo. El profeta advierte a los indiferentes al pacto, que permanecen asentados sobre su inacción y vacilan, que su juicio es como el del Jametz que reposa asentado. Por respeto a su dignidad, no mencionaremos cuál es el juicio del Jametz en la víspera de Pesaj.

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