Los pueblos de la región empujaron a Tzidkiahu a rebelarse contra Bavel, Babilonia, y al final no lo respaldaron, e incluso se beneficiaron de la destrucción de Ierushalaim. Por esto clama el profeta y pide venganza:
"Por cuanto dijiste: "¡Ea!", respecto de Mi santuario cuando fue profanado, y de la tierra de Israel cuando fue desolada, y de la casa de Iehudá, cuando ellos fueron en cautiverio" (versículo 3)
"A causa de lo que hizo Edom, en vengarse cruelmente de la casa de Iehudá (pues gravemente ofendieron cuando se vengaron de ellos)" (versículo 12)
"Por cuanto los plishtim obraron con venganza, y se vengaron cruelmente con el desdén del alma, destruyendo a causa del odio perpetuo" (versículo 15)
Hay cuatro profetas que recopilan profecías sobre las naciones: Amós, Yeshaiahu, Irmiahu y Yejezkel. Pero cada uno de ellos tiene una razón diferente para sus profecías sobre las naciones, un contexto diferente y un contenido diferente. Yejezkel clama por la venganza de Dios sobre los pueblos de la región. Estos pueblos fueron la causa de la rebelión fallida de Tzidkiahu, rey de Iehudá, contra el rey de Bavel. Ellos le aconsejaron rebelarse contra el rey de Bavel bajo la protección de Egipto, y le prometieron, cuando vinieron a Ierushalaim en el cuarto año de Tzidkiahu (Irmiahu, capítulo 27), respaldarlo. Cuando Nevujadnetzar vino a sofocar la rebelión de Tzidkiahu, todos los reyes de la región dieron la espalda a Ierushalaim y a Tzidkiahu y dejaron que Nevujadnetzar ejecutara juicios en Ierushalaim. Sobre esto dijo Irmiahu en sus “Kinot”, Lamentaciones: "¡Cómo está sentada sola la ciudad populosa!".
No solo no cumplieron con su deber de ayudar a los habitantes de Ierushalaim, sino que además se burlaron de la desgracia de los habitantes de Ierushalaim, se alegraron de la venganza que Nevujadnetzar ejecutaba contra ellos, y vinieron tras su ejército para comerciar con los cautivos de Ierushalaim como esclavos.
En nuestra profecía, Yejezkel clama contra Amón, Moav, Seir, Edom y los pelishtim que se alegran de la desgracia de los habitantes de Ierushalaim. Yejezkel les promete la venganza de Dios contra ellos por su alegría. En efecto, así sucedió pocos años después en las campañas adicionales de Nevujadnetzar en nuestra región.