Breve análisis sobre la transición del castigo a la reconciliación entre Dios e Israel, usando la analogía del matrimonio de Oseas. Tras denunciar la infidelidad de la esposa (la idolatría del pueblo) y su amenaza de buscar sustento fuera del hogar, el tono cambia al situarse en el desierto (el exilio). Allí, el castigo da paso a un diálogo piadoso donde se restaura la relación mediante la justicia y la compasión, un pacto de fidelidad eterna que el judaísmo conmemora diariamente al colocarse los tefilín.