Muchos han señalado las diferencias entre los profetas del período del Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo y los profetas "primeros". Sin embargo, resulta que aquí Zejariá continúa precisamente el camino de los profetas del Primer Beit HaMikdash, el primer Gran Templo.
El pueblo le pregunta a Zejariá en el capítulo 7 sobre la abolición de los ayunos de la destrucción, y Zejariá responde en nuestro capítulo con una respuesta compleja: "Estas son las cosas que deben hacer: digan la verdad unos a otros, juzguen con verdad y con juicio de paz en vuestros portones. No tramen en vuestro corazón el mal uno contra otro, ni amen el juramento falso; porque todas estas cosas son las que odio, declara el Señor" (versículos 16-17).
Zejariá sostiene que la abolición de los ayunos no está relacionada únicamente con la construcción del Templo y el retorno a Tzión, sino también con la conducta moral del pueblo, y así también cierra sus palabras: "Amen, pues, la verdad y la paz" (versículo 19). Zejariá sigue aquí el camino de los "profetas primeros" (capítulo 7, versículo 12), quienes criticaron el cumplimiento del culto sin un comportamiento moral básico (Amós, capítulo 5, versículos 21-25; Mijá, capítulo 6, versículos 7-8; Yeshaiahu, capítulo 1, versículos 10-20; y otros).
En el capítulo 8, Zejariá emplea expresiones que recuerdan notablemente las profecías de Irmiahu: " He aquí que confían en palabras mentirosas, que no (las) pueden aprovechar. ¿Hurtan, matan y cometen adulterio, juran en falso y queman incienso a Báal, y andan tras otros dioses que no conocen; y luego vienen y se ponen delante de Mí, en esta casa que es llamada de Mi Nombre, y dicen: "Ya somos librados"; para seguir practicando todas esas abominaciones? (Irmiahu, capítulo 7, versículos 8-10). Y también: "Cuídese cada uno de su prójimo, y ninguno confíe en su hermano; porque todo hermano seguramente engañará, y todo prójimo andará chismeando. Engañan cada cual a su prójimo, y no dicen la verdad; han avezado su lengua a hablar mentiras; han agotado sus fuerzas con sus iniquidades " (Irmiahu, capítulo 9, versículos 3-4).
Zejariá continúa la línea ideológica de los profetas "primeros" y no innova nada que sus predecesores no hubieran dicho. Zejariá utiliza intencionalmente las profecías de Irmiahu, el último profeta que el pueblo recuerda y conoce. Las utiliza para alentar al pueblo a escuchar sus palabras y recordar qué le ocurrió a la generación que no escuchó a Irmiahu, y qué está destinado a acontecer en la generación actual: "Tal como me propuse hacerles mal cuando vuestros padres Me hicieron enojar, dice el Señor de los ejércitos, y no Me he arrepentido; así me he propuesto en estos días volver a hacer bien a Ierushalaim y a la casa de Iehudá. ¡No teman!" (14-15)