Después de la destrucción, solo unos pocos de los que quedaron en Ierushalaim llegaron a Bavel, Babilonia. La mayoría murió de hambre y enfermedades durante el sitio, en la guerra y en el duro camino de sufrimiento hacia Bavel.
"Pues haré que algunos pocos de ellos escapen de la espada, del hambre y de la peste, a fin de que declaren todas sus abominaciones en medio de las naciones adonde van; y (entonces) conocerán que Yo soy el Señor" (Versículo 16)
En el capítulo anterior, el capítulo 11, nos detuvimos en las palabras del profeta en referencia a Dios, abandonando la Ierushalaim pecadora y trasladando Su presencia divina a Bavel, hacia los exiliados de Yehoiajín. La preferencia por el grupo de Yehoiajín, que se encuentra en el exilio, sobre el grupo de Tzidkiahu que se encuentra en Ierushalaim, es evidente tanto en nuestro capítulo como en los siguientes.
Los exiliados de Yehoiajín pasaron como un exilio organizado a Bavel y se establecieron allí durante (al menos) decenas de años, hasta el regreso a Tzión. Según el número relativamente escaso de los que retornaron a Tzión en el decreto de Koresh, Ciro, parece que los exiliados de Yehoiajín echaron raíces en Bavel y encontraron muy bien su lugar allí. El 'exilio de Tzidkiahu' es en realidad algo inexistente. Los versículos en Irmihau, capítulo 52, describen cientos de hombres que llegaron en el año dieciocho de Nevujadnetzar, que es el año del fin del reinado de Tzidkiahu y el año de la destrucción del Templo, a Bavel. ¿Adónde desaparecieron todos los demás?
Todos los demás murieron de hambre y peste durante el sitio, y como se describe especialmente en Eijá, el libro de Lamentaciones, murieron a espada en la guerra con Bavel, huyeron durante los años del sitio a las tierras circundantes de la Tierra de Israel - hacia Edom, Moav y Amón, como se describe en Irmiahu en los días de Guedaliá hijo de Ajikam, y murieron en el duro camino de sufrimiento hacia Bavel, que tuvieron que recorrer a pie a través del desierto oriental en el verano de la destrucción (¡el 10 de Av!), después de un año y medio de hambre durante el sitio. Como se mencionó, solo unos pocos cientos llegaron a Bavel. Según las palabras del profeta en nuestro capítulo, y no solo en él, ellos llegarán para dar testimonio (posiblemente de manera ingenua y a través de sus comportamientos) sobre las grandes abominaciones que se cometieron en Ierushalaim en sus últimos años, y así justificar indirectamente la severa sentencia de Ierushalaim por parte de Dios, pues así testificó posteriormente Daniel, hombre al que Dios le concedió gracia y entrañable afecto (capítulo 9, versículo12):
"Y Él ha dado efecto a Su palabra... trayendo sobre nosotros un mal tan grande, pues nunca se ha hecho debajo de todos los cielos como se ha hecho en Ierushalaim."
Pero hay que recordar que incluso en esta hora difícil, el profeta Irmiahu en Ierushlaim todavía le da una oportunidad a Ierushalaim de no ser destruida, y al reino de la Casa de David y a Tzidkiahu de continuar y no caer. Todo esto si se someten al decreto y siguen el camino del Señor.