Entre los hombres del sueño y los de la realidad

Entre los hombres del sueño y los de la realidad

Irmiahu veía hacia el futuro lejano y profetizó esperanza y redención. Frente a él se alzaban Iojanán y el pueblo que veían la realidad presente y actuaban en consecuencia. Pero resulta que a veces precisamente las personas de los sueños son las personas de la realidad.

¿Dónde está el límite entre realismo y fe, entre verdad y mentira?

Irmiahu, el profeta de la destrucción, es el profeta de la verdad, pues sus duras profecías se cumplieron ante los ojos de todos. Pero el horizonte de sus profecías es aún más amplio, él ve hacia el futuro lejano y trae también la esperanza y el comienzo del crecimiento de la redención. Clava la estaca para la futura redención ya desde la destrucción. El núcleo del asentamiento de Guedaliá en la tierra puede ser una piedra fundamental, el elemento para el retorno de Tzión y el regreso de los exiliados. La visión es tan grande que incluso la muerte de Guedaliá no socavó su confianza.

Frente a él se alzan Iojanán hijo de Kareaj y el pueblo restante, ellos son personas realistas y no soñadores ni visionarios. Ven la realidad presente, la tierra desolada y el ejército babilónico cruel y amenazante. Huyen a Egipto llenos de temor, buscando refugio y llevándose consigo al profeta contra su voluntad.

Una profecía contemporánea de Irmiahu anunció salvación y seguridad para los que permanecieran en la tierra, y sobre los que la abandonaran decretó destrucción. Pero ellos están tan encorvados que cerraron sus ojos para no ver esto. Están tan seguros de la rectitud de su evaluación política mezquina, que acusan a Irmiahu de profecía falsa que distorsiona la realidad, y corren hacia su perdición.

Por tanto, hay que tener cuidado con la contundencia de tales evaluaciones; a veces las personas de los sueños son las personas de la realidad.

Cortesía sitio 929.

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