El mejor esposo del mundo no sustituye la vivencia de la maternidad ni la alegría de la paternidad. Este elemento pasó desapercibido para Elcaná, y por consiguiente, a pesar de su amor, no está capacitado para entender el sentimiento de su amada.
Elcaná no comprende a Janá y su angustia. El factor elemental de su existencia es el hecho de su esterilidad. No hay instante en el cual no experimente la esterilidad y la sensación de falta que se deriva de ella. Ella vive en un hogar lleno de ajetreo y bullicio de los niños; los sonidos de sus risas y peleas resuenan entre las paredes de la casa, el orden del día familiar y los quehaceres del hogar giran en torno a sus necesidades, pero ninguno de esos niños es fruto de su vientre. Esta realidad le brota de todos los rincones de la casa, y en todas las épocas del año.
El difícil afrontamiento de una mujer estéril en el seno de un barrio colmado de niños y en una sociedad en la cual todas dan a luz, nos resulta muy conocida de la vida cotidiana, y no es necesario reforzar con palabras las constantes dificultades que afronta Janá en cada encuentro diario con su entorno, y los inevitables celos en toda situación rutinaria.
Y sin embargo, Elcaná no lo comprende. Desde su punto de vista, no hay razón para los ojos enrojecidos de Janá, ya que “yo te soy mejor que diez hijos” (Versículo 8). Si observamos detenidamente el lenguaje del versículo, vemos que el mismo enfatiza el gran amor de Elcaná por su esposa y su proximidad a ella, pero también su ceguera sentimental. Él es descripto como “Elcaná su marido” y sus conceptos expresan un auténtico sentimiento de amor.
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Sin embargo, el fracaso en sus conceptos radica en la comprensión de que una relación marido y mujer, por más fuerte y amorosa que fuere, no puede sustituir a la condición maternal. El deseo paterno no puede hallar su ritual en la pareja, visto y considerando que se trata de un sistema de relaciones cualitativamente diferente. La maternidad está basada en la entrega y en la transmisión de calidez y amor, el moldeado de la figura del niño y su mundo está sustentado sobre la mirada del niño como la continuidad natural y metafísica del padre. Todo esto no se halla en la relación de pareja, cuyo vínculo está basado en la reciprocidad y la cooperación, la aceptación y la entrega. Los integrantes de la pareja se miran uno al otro a los ojos, o mejor dicho, observan al resto del mundo a través unas gafas compartidas, mientras que un padre observa desde arriba a sus hijos e hijas. De todos modos, el mejor esposo del mundo no sustituye la vivencia de la maternidad ni la alegría de la paternidad. Este elemento pasó desapercibido para Elcaná, y por consiguiente, a pesar de su amor, es incapaz de comprender el sentimiento de su amada.
Editado por el equipo del sitio del Tanaj
Gentileza del sitio VBM de la Academia Rabínica “Har Etzion”