En un momento de peligro y calamidad, la exigencia mínima de todo ser humano es buscar la palabra de Dios y ser responsable de sus actos ante Él y ante todo el pueblo.
Tsfaniá describe la eliminación de los pecadores de Ierushalaim y los detalla en orden descendente:
"Y cortaré de este lugar el resto de Báal, el nombre de los ministros (idolátricos) con los sacerdotes (de los altos), también a los que sobre los terrados adoran el ejército del cielo y a aquellos adoradores que juran por el Señor y juran por Malkam (Báal), y a los que se han vuelto atrás de en pos del Señor, y a los que no buscan al Señor, ni inquieren por Él." (versículos 4-6)
El más grave: los ídolos de Báal; tras ellos, sus Cohanim, sacerdotes y ministros —sus representantes—, incluyendo en general a los Cohanim y ministros de la idolatría, cuya culpa es mayor que la del creyente común. Por debajo de ellos, los simples adoradores que sirven al ejército de los cielos. Más allá de que su culpa sea menor que la de los propios Cohanim, sacerdotes, puede aprenderse de esto también cierta indulgencia relativa hacia los adoradores del ejército de los cielos, que se apoyan en fuerzas naturales y poderes existentes, "que el Señor tu Dios los asignó a todos los pueblos" (Devarim, capítulo 4, versículo 19), a diferencia de los adoradores de Báal, que es una entidad separada que viene a reemplazar al nombre del Señor.
A continuación se describen pecadores cuya falta no resulta clara a primera vista: "aquellos adoradores que juran por el Señor."
Sin embargo, si dividimos correctamente la lista, vemos que lo que separa las partes de la lista es la palabra et (את). Por ello, la definición completa de estas personas es: "aquellos adoradores que juran por el Señor y juran por Malkam (Báal)". En realidad se nos describe aquí a personas que combinan el culto al Señor con el culto a Malkam, tal como era costumbre en épocas antiguas identificar al rey con la figura del dios. Esta secta es considerada por Tsfaniá como idolatría en todo sentido, y queda equiparada en la división de los versículos a los propios adoradores del ejército de los cielos. Es incluso peor que los que vienen después, "los que se han vuelto atrás de en pos del Señor": esas personas sin firmeza, que no tienen religión ni fe oficial, y simplemente se encuentran alejándose de toda la idea y del servicio al Señor Dios de sus padres. A ellos equipara el versículo, al mismo nivel (sin distinción de grados mediante la palabra et, pero sí con una separación mediante la palabra asher), a aquellos que si bien se consideran creyentes en el Señor, no hacen nada al respecto, sino que mantienen una tradición vacía sin buscar la voluntad del Señor en un mundo de destrucción y caos religioso.
Los últimos de la lista son sorprendentes. Tsfaniá nos enseña que cuando la destrucción se acerca, también los pecadores menores —los que pecan por sus apetitos y su comodidad y permanecen asentados sobre sus heces— también ellos son considerados causantes de la destrucción. En una hora de peligro y calamidad, la exigencia mínima de todo ser humano es buscar la palabra del Señor y ser responsable de sus actos ante el Cielo y ante todo el pueblo.