No hay nadie de duelo ni quien consuele

No hay nadie de duelo ni quien consuele

La esencia de las costumbres de duelo es consolar a los dolientes. En una tragedia pública, no hay lugar para el duelo porque no hay quién consuele.

En el capítulo 24 hay dos relatos de despedida: la despedida de la esposa de Yejezkel y la despedida del Templo. La conexión entre la despedida personal de Yejezkel y la despedida pública del pueblo del Templo resuena en las palabras del Talmud:

"Y dijo Rabí Iojanán: Todo hombre cuya primera esposa murió, es como si el Templo hubiera sido destruido en sus días, como está dicho: “Hijo del hombre, he aquí que voy a quitarte el deleite de tus ojos, en muerte repentina, pero no te lamentes, ni llores, ni dejes correr tus lágrimas” y está escrito: 'Hablé, pues, al pueblo por la mañana, después de haber muerto a la tarde (anterior) mi mujer’ y está escrito ' ‘He aquí que profanaré Mi santuario, el orgullo de vuestro poder, el deleite de vuestros ojos’(Tratado de Sanhedrín 22a).

Pero en los versículos se nota también la diferencia entre las dos despedidas; mientras que la esposa del profeta es tomada, el Templo es profanado: "He aquí yo profanaré mi santuario...". La comparación enseña que la profanación del Templo es un acto irreversible. En otras palabras, la construcción de los templos después de la destrucción del Primer Templo que fue profanado es una creación nueva, y no una reconstrucción del Templo que fue destruido.

Yejezkel recibe la orden de no guardar duelo por su esposa, de manera similar a la orden dada a Aharón de no guardar duelo por la muerte de sus hijos. En el caso de Yejezkel, la razón para abstenerse del duelo es por la necesidad de su función de ser para ellos una señal.

¿Por qué se ordena al pueblo de Israel no guardar duelo por la destrucción? Existen varios enfoques interpretativos para esto:

Se puede argumentar que es difícil concebir que el responsable directo de la tragedia guarde duelo por él cuando ocurra.

Otras respuestas pueden ser que en la abstención del duelo se puede ver una especie de castigo divino, o alternativamente una especie de aceptación del juicio.

Otras dos interpretaciones aparecen en Rashi y quizás se puede aprender de ellas también sobre la naturaleza del duelo. En la primera interpretación, Rashi explica que no guardarán duelo "porque no hay quien los consuele... y no hay duelo sino donde hay consoladores". Es decir, el consuelo es la esencia del asunto del duelo, y todo el sentido de las costumbres de duelo es destacarlo como excepcional y diferente, y así atraer hacia él a los consoladores. En una tragedia pública, según esta interpretación, no hay lugar para el duelo porque no hay nadie disponible para consolar.

La segunda interpretación de Rashi es 'que tendrán miedo de llorar delante de los caldeos entre quienes están'. Según esta interpretación, la esencia del duelo es el llanto y la expresión externa de las emociones, llanto que viene muchas veces con ira y murmuración que expresan falta de resignación con la situación existente. El problema con esto es que puede ser interpretado por los babilonios como rebelión contra su supremacía.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Cortesía VBM de la Academia Rabínica “Har Etzion”.

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