En un tiempo de severa sequía, que constituye una grave amenaza para el pueblo, Irmiahu se dirige a Dios elevando una plegaria, confiesa los pecados del pueblo y suplica por misericordia.
El capítulo 14 del libro Irmiahu trata sobre la sequía que afectó a Iehudá. La sequía era un fenómeno muy común en la tierra de Israel, y el miedo a ella estaba profundamente arraigado en el corazón del pueblo. La Torá utiliza la sequía como una amenaza para educar a Israel en el servicio a Dios y el cumplimiento de sus mandamientos, así como, por el contrario, promete buena recompensa por el cumplimiento de sus mandamientos con lluvias de bendición en su tiempo.
Sobre la sequía en la tierra escuchamos mucho, desde la época de los patriarcas hasta los días del retorno a Tzión. En el libro Irmiahu encontramos una descripción de una sequía severa: "van éstos a los aljibes, mas no hallan aguas, se vuelven con sus vasijas vacías" (versículo 3), y durante la descripción somos testigos de dos fervorosas oraciones que rezó el profeta debido a la plaga de sequía que cayó sobre la tierra (versículos 2-9; 19-22).
La plegaria de Irmiahu se centra en tres temas: descripción de la calamidad, confesión en nombre del pueblo y súplica por misericordia.
El profeta describe con colores ardientes la magnitud de la calamidad, que rodeó tanto al hombre: "¿Por qué, pues, nos has herido de modo que no hay para nosotros cura? (versículo 19) como a las bestias: "Pues hasta la cierva en el campo pare, y abandona (su cría), porque no hay hierba" (versículo 5).
Como parte de la plegaria, Irmiahu confiesa en nombre del pueblo de Israel los pecados y transgresiones que son los que causaron toda esta calamidad: "pues que se han multiplicado nuestras rebeldías; hemos pecado contra Ti” (versículo 7); "Reconocemos, oh Señor, nuestra maldad, la iniquidad de nuestros padres, porque hemos pecado contra Ti" (versículo 20).
Termina la plegaria con una súplica ante Dios para que recuerde el pacto: "No (nos) desprecies, en gracia de Tu Nombre, no dejes caer en la ignominia el trono de Tu gloria. ¡AcuérdaTe, no anules Tu pacto con nosotros!" (versículo 21), y la conclusión obvia de que: "¿Habrá acaso entre las vanidades de los paganos quien haga llover?, o ¿pueden los cielos mismos dar aguaceros? ¿No eres Tú solo, oh Señor Dios nuestro? Esperaremos, pues, en Ti, porque Tú haces todas estas cosas" (versículo 22).
Otras plegarias sobre la sequía las encontramos en otros profetas; Ioel, por ejemplo, menciona costumbres en tiempos de sequía, y profecías sobre sequía se encuentran en los capítulos de Yeshaiahu (3-4, así como 32, 9-22).
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