La sequía en Ierushalaim, la súplica del pueblo y la respuesta de Dios (Versículos 1-10)
En este párrafo se describe cómo una severa sequía afectó a Ierushalaim: "Iehudá está cubierta de luto, y sus puertas languidecen, se ennegrecieron en tierra; el grito de Ierushalaim sube (al cielo... Porque el suelo se resquebrajó, por no haber lluvias en la tierra, los labradores están avergonzados; se cubren sus cabezas" (versículo 2). A consecuencia de la sequía, el pueblo se dirige a Dios: "Aunque nuestras iniquidades testifican contra nosotros, obra, oh Señor, por causa de Tu mismo Nombre; pues que se han multiplicado nuestras rebeldías; hemos pecado contra Ti... ¿Por qué has de ser como hombre atónito, como un valiente que no puede salvar? (versículos 7-9). Dios responde al pueblo diciendo: "De esta manera les gusta andar vagando; no han refrenado sus pies; por tanto el Señor no se complace en ellos: ahora traerá a memoria sus iniquidades, y castigará sus pecados" (versículo 10).
Diálogo entre Dios y el profeta (Versículos 11-16)
Dios se dirige al profeta y le pide nuevamente que no ore por el pueblo: "Aunque ayunen, no oiré su clamor; y aunque ofrezcan holocaustos y ofrendas vegetales, no los aceptaré; sino que con espada, hambre y peste, haré exterminio en ellos" (versículo 12). El profeta se alarma al escuchar las palabras de Dios y dice que los profetas le están diciendo al pueblo que habrá paz en Ierushalaim. Dios le aclara a Irmiahu que se trata de falsos profetas: "visión mentirosa y adivinación, y una nada, y el engaño de su mismo corazón, es lo que les profetizan" (versículo 14), y que también ellos estarán entre los castigados: "porque derramaré sobre ellos su maldad" (versículo 16).
Lamentación (Versículos 17-18)
En esta lamentación se puede identificar claramente que es Dios quien se lamenta debido a la introducción: "y les dirás esta palabra". Dios se lamenta por la difícil situación de la ciudad: " Desháganse Mis ojos en lágrimas, día y noche, sin cesar, porque la virgen, hija de Mi pueblo, está quebrantada con quebranto grande, y con una herida muy maligna... Si salgo al campo, he aquí los muertos a espada, y si entro en la ciudad, he aquí los enfermos a causa del hambre, pues tanto el profeta como el sacerdote andan en torno de la tierra, sin saber adónde van" (versículos 17-18).
Súplica (Versículos 19-22)
Como resultado de las palabras de Dios, el pueblo se pregunta por qué Dios no los salva: "¿Has rechazado del todo a Iehudá? ¿O tiene Tu alma aborrecida a Tzión? ¿Por qué, pues, nos has herido de modo que no hay para nosotros cura? (versículo 19). El pueblo reconoce su pecado: "Reconocemos, oh Señor, nuestra maldad, la iniquidad de nuestros padres, porque hemos pecado contra Ti" (versículo 20) y también reconoce la grandeza de Dios: " ¿Habrá acaso entre las vanidades de los paganos quien haga llover?, o ¿pueden los cielos mismos dar aguaceros? ¿No eres Tú solo, oh Señor Dios nuestro? Esperaremos, pues, en Ti, porque Tú haces todas estas cosas" (versículo 22). En el siguiente capítulo se dará la respuesta de Dios.