El profeta Yoel llama a una guerra santa por Ierushalaim. Por mucho que al mundo occidental le resulte a veces difícil de aceptar, existen en la cultura humana a lo largo de las generaciones razones y circunstancias que santifican la guerra.
"¡Proclamen, pues, esto entre las naciones: ¡Declaren guerra, animen a los valientes!, ¡acérquense y suban todos los hombres de guerra! ¡Forjen vuestras rejas de arado en espadas, y vuestras podaderas en lanzas!, diga aun el débil: '¡Yo soy valiente!'" (versículos 9-10).
El profeta Yoel llama a una guerra santa por Ierushalaim. Con deliberado énfasis invierte la profecía utópica de Yeshaiahu: "Y Él juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y ellos romperán sus espadas, para hacer de ellas azadones, y sus lanzas trocarán en podaderas: no alzará espada nación contra nación, ni aprenderán más la guerra" (Yeshaiahu, capítulo 2, versículo 4). La pregunta de las preguntas en materia de guerra es: ¿puede un fin elevado santificarla? El mensaje del profeta Yoel llama a la santificación de la guerra por Ierushalaim.
Desde los inicios del cristianismo, sus dirigentes tuvieron dificultades para asimilar las expresiones bélicas que abundan en el Tanaj. Les costaba con la expresión repetida "el Señor de los ejércitos", les costaba con las palabras de David en los Tehilim, Salmos: "Bendito sea el Señor, mi roca, que adiestra mis manos para la batalla, mis dedos para la guerra" (Tehilim, capítulo 144, versículo 1), les costaba con la apertura de la elegía de David por Shaúl y Ionatán: "y dijo que se enseñe a los hijos de Iehudá el (uso) del arco" (Shmuel II, capítulo 1, versículo 18). En algunas traducciones del Tanaj estas expresiones fueron omitidas. Aunque reconocían el fenómeno de la guerra como algo que obliga al ser humano a enfrentarlo, especialmente al rey, lo veían como expresión de la diferencia entre el reino de los cielos y el reino terrenal.
En el año 2013, la Iglesia Luterana presentó al Primer Ministro de Israel una carta de oposición a la construcción del Colegio de Seguridad Nacional en el Monte Scopus. En la carta se alegaba que una base militar en un lugar tan especial, en la cresta del Monte Scopus-Monte de los Olivos, atenta contra la santidad del monte. Entre otras cosas escribieron: "Si bien se trata de una base militar que es una institución académica y no una base militar ordinaria, sigue siendo una base militar, y ello atenta contra la santidad del monte."
Al ser yo en aquel entonces comandante del Colegio de Seguridad Nacional, se me pidió redactar una carta de respuesta. Subrayé, entre otras cosas, el deber de enseñar a los hijos de Iehudá el arco como un deber sagrado. No porque se necesiten las lecciones del Holocausto para justificar el aprendizaje de la guerra por parte de judíos en la Tierra de Israel, sino porque ese terrible Holocausto que sufrió nuestro pueblo ilustra hasta dónde puede llegar la realidad en la situación de un pueblo desprovisto de capacidad de autodefensa.
También pensadores cristianos que enfrentaron con ojos abiertos las limitaciones de la existencia terrenal reconocieron el deber de empuñar la espada. En 1529, ante el ataque turco que llegó hasta las puertas de Viena, Martín Lutero publicó su declaración "Sobre la guerra contra los turcos". Llamó a santificar la guerra en defensa de Europa y se opuso a los hombres de iglesia que llamaban a abstenerse de la guerra, alegando que los turcos habían sido enviados por Dios para castigar a los cristianos por sus pecados, y que en general era preferible que el cristiano no empuñara la espada ni fuera gobernante. Lutero exigió en cambio "ver la guerra con ojos abiertos, considerando el objetivo por el cual se combate, como un objetivo que justifica la guerra y la convierte en necesaria y divina, tan útil para el mundo como el deber de comer y beber."
Por supuesto que no necesitamos a Lutero como autoridad de apoyo para justificar el uso de la espada, sino que el fenómeno de la guerra como componente universal de la historia humana ha sido y sigue siendo la prueba suprema de la propia capacidad de una sociedad humana para subsistir, en un mundo que no ha cesado de generar amenazas de guerra. Lutero, desde mi perspectiva, es solo una demostración de hasta qué punto no solo para el profeta Yoel, existen en la cultura humana a lo largo de las generaciones razones y circunstancias que santifican la guerra.
* Gershon HaCohen es general de reserva del Ejército de Israel.
Editado por el equipo del sitio del Tanaj
Cortesía sitio 929.