Una Torá de esperanza

Una Torá de esperanza

La Torá de Israel es una Torá de esperanza. No de desesperación. Incluso en medio de la catástrofe y la tempestad, el desastre y la destrucción, siempre hay esperanza.

Al igual que en una partida de ajedrez o un partido de tenis, todo autor de un libro o expositor de un discurso sabe que una de las cosas más importantes — si no la más importante — es la apertura. El tono hace la música, y la apertura marca el ritmo. No pocas veces, tiene el poder de atraer el corazón del lector o el oyente, o de alejarlo de inmediato.

El libro de Najum se abre con una gran tempestad: Dios celoso. Vengador y guardador de rencor. Iracundo. De ningún modo dejará impune. Sequedad. Desolación. Reprimenda. Furor. Fuego. Destrucción. Diluvio. Aniquilación. Persecución. Tinieblas. Aflicción. Un poderoso crescendo. Un tsunami de maldiciones.

Todas las palabras jubilosas del diccionario completo de la ruina irrumpen aquí en una danza tempestuosa. Después de semejante apertura, ¿qué más podríamos pedir? Tras semejante tormenta, ¿adónde más se puede ir?

Y sin embargo, en medio de ese mar de cólera y celos, de ira y ardor de furor, se esconden tres palabras suaves, luminosas, de semblante amable: "El Señor es lento en iras" (versículo 3). A primera vista pareciera que llegaron aquí por error, por casualidad. Por un momento da la impresión de que su GPS se averió y deben recalcular la ruta.

Pero un estudio sistemático de los capítulos de ira y reprimenda en el texto bíblico revela que junto al Dios de las venganzas aparece también el Señor, lento en iras, abundante en misericordia y verdad, que hace misericordia a millares, que perdona la iniquidad y pasa por alto la transgresión.

La Torá de Israel es una Torá de esperanza. No de desesperación. Incluso en medio de la catástrofe y la tempestad, el desastre y la destrucción, siempre hay esperanza.

Junto al atributo de la justicia se encuentra siempre también el atributo de la misericordia. Junto a la venganza y el rencor están presentes la gracia, la bondad y la compasión. El ser humano — solo él, con sus actos y sus pensamientos — determinará cuál de ellos prevalecerá.


Gentileza sitio 929.

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