El reinado de Shlomó
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El reinado de Shlomó
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El reinado de Shlomó
El reinado de Shlomó
De la división del reino a Ajav
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Los capítulos de Eliahu
Los capítulos de Eliahu
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El reinado de Ajav
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1 Reyes 13 Versículo 1
¿Quién era este hombre de Dios? ¿Por qué no dice el nombre de este hombre de Dios?
Daat Mikrá explica que el término "Hombre de Dios" se utiliza para hacer referencia a un profeta, y fue designado de esta manera, para diferenciarlo de los falsos profetas. El primero en recibir este título fue Moshé, tal como se menciona en Debarim 33:1.
Nuestros sabios, señalaron (Seder Olam, capítulo 20) que este "Hombre de Dios" era el profeta Iddó, quien llevó a cabo su misión profética en aquella época. Esto está respaldado por el texto bíblico en Dibré Haiamim II 9:29: "y en las visiones de Iddó el vidente acerca de Yerobam hijo de Nebat."
No obstante, hay varios comentaristas que no concuerdan con esta opinión pues en Dibré Haiamim II 13:22 Y los demás hechos de Abiah, y sus caminos y sus palabras están escritos en la historia del profeta Iddó. Vemos que el profeta Iddó no murió en los días de Rejabam y Yerobam, como relata más adelante en este capítulo, sino que su vida se extendió hasta el reinado Abiah, hijo de Yerobam.
El motivo por el cual el nombre de este profeta no se revela explícitamente podría estar relacionado con la intención de preservar su honor. Esto cobra relevancia al considerar lo que afirma en el versículo 21, en donde podemos ver que, este "Hombre de Dios", terminó profanando la misma profecía que le fue entregada directamente por Dios, desobedeciendo las instrucciones divinas.
Y he aquí, que el hombre de enviado por Dios vino desde Yehudá a Betel en el momento preciso en que Yerobam estaba sobre el altar ofreciendo incienso. No llegó antes, porque en ese caso habrían estado atentos a su presencia y no le habrían permitido acercarse al altar. Tampoco llegó después, ya que fue enviado por la palabra del Señor y bajo Su supervisión divina, en ese instante exacto, mientras Yerobam estaba en Betel, ofreciendo sacrificios y quemando incienso en los altares que él mismo había construido para celebrar el festival que inventó desde su corazón, un hombre de Dios se le acercó. Este hombre, un profeta y santo proveniente de la tierra de Yehudá, trajo un mensaje celestial. "
1 Reyes 13 Versículo 2
Daat Mikrá explica que el profeta proclamó dos veces la palabra: "Altar, altar", refiriéndose tanto al altar de Bet El como al que Yerobam había construido en Dan.
Don Itzjak Abarbanel señala que de este pasaje se deduce que el profeta poseía una visión con máxima precisión y atención a los detalles, hasta el punto de identificar que el rey que llevaría a cabo estas acciones sería Yoshiahu quien reinaría unos tres siglos más tarde. Además, percibió esta visión como si ya se hubiera concretado, diciendo: "He aquí, a la casa de David le nacerá un hijo, que se llamará Yoshiahu", como si este ya hubiera nacido.
Se refiere a lo que será relatado más adelante en Reyes II 23:13 además, derribó el altar que estaba en Betel y el lugar alto que había hecho Yerobam, hijo de Nebat, el que hizo pecar a Israel, o sea, derribó también aquel altar y el lugar alto, destruyó sus piedras, las redujo a polvo y quemó la Asherá. Al volverse Yoshiahu, vio los sepulcros que estaban allí en el monte, y envió a recoger los huesos de los sepulcros y los quemó sobre el altar, profanándolo, conforme a la palabra del Señor que había proclamado el hombre de Dios que había anunciado estas cosas.
El profeta anunció que Yoshiahu ofrecería sacrificios en el altar utilizando los cuerpos de los sacerdotes de los altares ilegítimos que estuvieran vivos en ese momento y quemaría en él los huesos de los sacerdotes fallecidos. Al emplear la expresión "huesos humanos", incluyó también a Yerobam, quien fue uno de los sacerdotes de esos altares ilegítimos y cuyos restos también serían quemados.
Sin embargo, el profeta ocultó este detalle como una muestra de respeto hacia la dignidad de la realeza. Este es también el motivo por el cual no se dirige directamente al rey, sino al altar.
Hubieron cuatro personajes en la historia biblica cuyos nombres se revelaron aun antes de nacer: Itzjak, Ishmael, Shlomó y Yoshiahu.
Esta profecía representó un golpe para Yerobam, quien había ideado la creación de los altares con el propósito de evitar que el pueblo peregrinara a Jerusalén y, de este modo, impedir su retorno al reino de la dinastía de David.
Ahora, el profeta le anunciaba precisamente lo contrario: el reino que prevalecería sería el de Yehudá, bajo el liderazgo de un rey llamado Yoshiahu. Este monarca, en el futuro, destruiría todos los altares que Yerobam había erigido con la intención de consolidar su propio dominio sobre el de David
1 Reyes 13 Versículo 3
1 Reyes 13 Versículo 4
El hecho de que la mano del rey se secara no fue parte de la profecía sobre el altar, sino un castigo divino específico por su falta de respeto hacia el profeta. Era un acto destinado a resguardar el honor del profeta, destacando cómo Dios, protege a Sus enviados de manera especial.
Rashí dice que, los sabios, enseñaron que Dios, muestra un cuidado especial por el honor de los justos, más incluso que por Su propio honor. Este evento resalta la importancia de reconocer y honrar a quienes transmiten Su palabra.
1 Reyes 13 Versículo 5
La desilusión y el desconcierto de Yerobam debieron ser profundamente evidentes. Con toda probabilidad, había organizado una ceremonia de inauguración grandiosa y espectacular, inspirada en el estilo de la dedicada por el rey Shlomó cuando consagró el Templo de Jerusalén. Es posible que Yerobam esperara una señal divina similar a la que se manifestó en los días de Shlomó, con el objetivo de legitimar su altar y fortalecer su reinado mediante la confirmación del favor divino. Sin embargo, lo ocurrido fue exactamente lo opuesto: el altar que había erigido fue destruido el mismo día de su inauguración.
Dios, lejos de ofrecer señales de aprobación, envió un profeta para reprenderlo y mostrar su desagrado hacia sus acciones. El castigo divino fue tan severo que incluso el brazo de Yerobam quedó rígido y paralizado, incapaz de moverse, como si estuviera completamente petrificado.
1 Reyes 13 Versículo 6
Don Itzjak Abarbanel dice que, cuando Yerobam escuchó las palabras del profeta y contempló los milagros que acompañaron su mensaje, se vio confrontado con la realidad de su propia condición. En ese momento de desesperación, le suplicó al profeta: "Intercede ante el Señor tu Dios y ora por mí." Esta petición tenía un propósito claro: la parálisis de su brazo no formaba parte de la profecía inicial ni del decreto divino, sino que fue un acto extraordinario destinado a proteger el honor del profeta, puesto que Yerobam había intentado apresarlo.
Yerobam comprendió que si el profeta perdonaba la falta de respeto hacia su dignidad, entonces el Santo, bendito es, también mostraría misericordia. El profeta accedió a interceder ante Dios, y su oración fue escuchada; el brazo de Yerobam fue restaurado. Sin embargo, esta sanación no era un indicativo de mérito personal en Yerobam, sino una muestra de la bondad divina, con el objetivo de inspirarlo al arrepentimiento mediante la experiencia de los milagros.
Algo similar había pasado cuando el rey Abimelej había tomado por la fuerza a Sara paraque fuera su esposa ¿, pensando que ella era soltera, entonces Dios le envió tormentos y castigos a él y a toda su casa, de esta menera comprendió que no estaba bien lo que había hecho y le restituyó la espoda a Abraham y le rogó que pidiera por él, tal como Dios le había indicado, Bereshit 20:6 Yo sé que con integridad de corazón has hecho esto; y además, Yo te guardé de pecar contra Mí; por eso no te dejé que la tocaras. Ahora pues, devuelve la mujer al marido, porque él es profeta y orará por ti, y vivirás. Mas si no la devuelves, sabe que de cierto morirás, tú y todos los tuyos.
A pesar de esta intervención y de los evidentes prodigios que presenció, Yerobam no corrigió su conducta ni se apartó de sus caminos desviados, como se menciona posteriormente.
1 Reyes 13 Versículo 7
Don Itzjak Abarbanel dice que el texto recuerda que Yerobam no hizo mención alguna sobre la profecía ni el decreto, sino que pidió al profeta que viniera con él a su casa para comer y beber, y para darle un obsequio. Esto se debió a que Yerobam observó que, cuando pensó en apresarlo y escarmentarlo, recibió un castigo. Por lo tanto, creyó que si honraba al profeta y le otorgaba regalos, entonces Dios, retiraría Su enojo de él.
Daat Mikrá recalca que era una usanza en la antigüedad otorgar algún presente a las personas importantes a las que se debía honrar, así cada uno que venía al rey, no se presentaba con las manos vacías, pues sería considerado como un desprecio o falta de respeto. Así lo vemos en Shmuel I 9:7.
1 Reyes 13 Versículo 8
El profeta dejó claro de manera categórica que no acompañaría a Yerobam a ningún lugar. Esta negativa rotunda recuerda el episodio en el que el rey Shaul suplicó al profeta Shmuel que permaneciera a su lado y no lo abandonase, temeroso de que el rechazo del profeta pudiera interpretarse como un desprecio por parte del pueblo. En aquella ocasión, como en esta, la presencia de un profeta de Dios era considerada una muestra de legitimidad y honor.
Yerobam, tras haber experimentado la intercesión del profeta ante Dios para la sanación de su brazo, pudo haber interpretado esto como un gesto de simpatía o incluso de aprobación. Sin embargo, el profeta fue tajante al desmentir esta idea. Le dejó claro que su presencia no implicaba ningún vínculo de amistad ni aprobación hacia él. Nada lo convencería de permanecer junto a Yerobam, ni siquiera si le ofreciera una fortuna.
El profeta rechazó cualquier posibilidad de compartir una comida con el rey, a pesar de que el camino de regreso sería largo y fatigante, probablemente de varias horas o incluso un día entero. Estaba dispuesto a permanecer en ayunas antes que retrasar su partida o aceptar siquiera un vaso de agua en aquel lugar. Debemos notar que en el versículo figura tres veces la negativa del profeta: no iría contigo, no comería pan y no bebería agua en este lugar. No ... no … y no. Tal era su repulsión hacia aquel en el que se encontraba, que le provocaba un rechazo profundo por la desobediencia y la idolatría que prevalecían allí.
1 Reyes 13 Versículo 9
El hombre de Dios rechazó categóricamente cualquier oferta de alimento o regalos por parte de Yerobam, no por desprecio personal, sino en estricto cumplimiento de la instrucción divina que había recibido. Según la palabra del Señor, transmitida por el ángel que lo guiaba, se le había ordenado no consumir ni pan ni agua en aquella ciudad ni regresar por el mismo camino que había tomado. Este mandato no era fortuito; detrás de él había un propósito significativo.
Los sabios del Talmud en el tratado Avodá Zará 12b, señalaron que está prohibido para una persona entrar a una ciudad de idólatras excepto para transmitir una advertencia o hablar en nombre del Señor. Para enfatizar que el profeta había ingresado en Bet El únicamente para cumplir con su misión profética, se le prohibió aceptar comida o bebida allí, dejando claro que su presencia no tenía otro fin. Además, se le ordenó no regresar por el mismo camino, como señal de que su misión estaba cumplida y que el lugar no merecía una segunda visita.
Desde otro enfoque, parece justo decir que la ciudad de Bet El había adquirido el estatus de ir hanidajat - "ciudad condenada", como se describe en Debarim 13:17: Nada del anatema quedará en tus manos. Bajo este principio, todo lo que perteneciera a Bet El, incluyendo alimentos y bebidas, estaba prohibido para el profeta. Adicionalmente, el versículo indica que una ciudad de este tipo debe permanecer en ruinas para siempre, como símbolo de su rechazo absoluto por parte de Dios. Por ello, el profeta recibió la orden de no regresar por el mismo camino, como si el sendero hacia esa ciudad hubiera quedado borrado, anticipando el destino irreversible de Bet El: su destrucción y el hecho de que nunca sería reconstruida
1 Reyes 13 Versículo 10
Este acontecimiento sin duda dejó a Yerobam sumido en una humillación pública sin precedentes. Él había planeado una ceremonia de inauguración grandiosa para su altar, esperando que dicho evento consolidara su autoridad y afianzara su trono. En su visión, aquel altar sería el emblema de su reino, tal como el Templo de Jerusalén lo era para Rejabam, rey de Yehudá. Sin embargo, lejos de ser motivo de orgullo, el día de su inauguración terminó convirtiéndose en un desastre que expuso la fragilidad de su posición y su fracaso ante los ojos del pueblo.
El altar, que debía ser el símbolo de su legitimidad y su gobierno, fue destruido y no logró mantenerse en pie ni siquiera por un día. En lugar de recibir el respaldo divino que probablemente anhelaba, Yerobam enfrentó una intervención profética que desveló el desagrado de Dios por sus acciones. La humillación se profundizó aún más con el rechazo del profeta a visitar su palacio y ciudad real. Tal desplante reflejaba que, ni siquiera ante un hombre de Dios, la residencia y el entorno de Yerobam eran considerados dignos.
El rey habrá estado en una situación bochornosa y de vergüenza. Este desprecio subrayaba la condena divina hacia las acciones idólatras y el alejamiento espiritual de Yerobam.
Pero aun con todo esto, veremos que Yerobam se mantiene terco y obstinado, no se retracta de lo que hizo, sino que mantendrá los altares y la prohibición de peregrinar a Jerusalem, alejando al pueblo de Israel de la casa de Dios, es por eso que Dios y el profeta se alejan de él y de su casa.
1 Reyes 13 Versículo 11
Rashí categóricamente explica que se trataba de un falso profeta, tal como lo expresa el texto más adelante en el versículo 18. Pues es casi imposible que un profeta de Dios se vuelva mentiroso, por lo tanto, lo más razonable y lógico es pensar que se trataba de un profeta falso. No te engañe el hecho de que el versículo lo denomine profeta, pues, tal como explico Rambam, en las escrituras también se suele designar así a los falsos profetas.
Don Itzjak Abarbanel dice que el versículo alterna entre singular y plural en las descripciones: "le contó" y "le contaron a su padre", lo cual parece indicar que inicialmente uno de los hijos del anciano llegó primero para relatarle en detalle lo que había hecho el hombre de Dios. Después, los otros hijos llegaron también y complementaron la narración con más detalles, incluyendo las palabras que el hombre de Dios había dirigido al rey.
Daat Mikrá dice que, si bien el profeta al principio le había hablado al altar, tal como dijo en el versículo 2, todos entendieron que se refería al rey.
Probablemente se refieren a las palabras que le dijo el profeta a Yerobam en el versículo 9 No comerás pan, ni beberás agua, ni volverás por el camino que fuiste.
1 Reyes 13 Versículo 12
Malvin dice que el hombre de Dios que vino desde Yehudá, al ser reconocido por el camino que utilizó para llegar a Bet El, permitió a otros deducir cuál sería el camino de regreso. Esto se debía a que, entre Yehudá y Bet El, solo existían dos rutas posibles. Al observar que no regresaba por la primera, dedujeron que debía haber tomado la segunda.
Daat Mikrá en cambio, dice que seguramente la gente habrá acompañado y visto por dónde se fue el hombre de Dios, es por eso que pudieron indicarle a su padre cuál era el camino que tomó aquel hombre.
1 Reyes 13 Versículo 13
Curiosamente, el anciano no reveló a sus hijos el motivo ni el objetivo de su viaje, limitándose únicamente a darles instrucciones específicas. Sin cuestionarlo, los hijos ejecutaron la orden tal como se les había indicado, lo cual refleja la autoridad del anciano en su hogar y el respeto que sus hijos le tenían. Esta obediencia precisa y sin reservas destaca una dinámica familiar basada en la confianza y el cumplimiento sin objeciones, subrayando también la determinación del anciano en llevar a cabo aquello que había decidido.
1 Reyes 13 Versículo 14
Daat Mikrá enfatiza que el texto no dice debajo de una encina sino que utiliza la expresión "debajo de la encina", lo que indica que se trataba de un árbol específico y conocido, no se trataba de encina cualquiera. Esta elección lingüística sugiere que este árbol probablemente era un lugar reconocido en el camino, un punto de referencia donde su imponente tamaño y frondosidad ofrecía sombra para los viajeros que deseaban descansar al borde del camino.
Es importante recordar que este hombre de Dios debía regresar al territorio de Yehudá sin haber ingerido ni comida ni bebida, según el mandato divino que le había sido dado. En esas circunstancias, resulta lógico pensar que buscaría refugio bajo la sombra de este árbol para evitar caminar bajo el intenso calor del sol, que podría agotar aún más sus fuerzas.
Es por eso que el viejo profeta se dirige hacia allí, pues era de suponer que allí lo encontraría.
1 Reyes 13 Versículo 15
Aparentemente este viejo profeta está pidiendo del hombre de Dios que transgreda ambas cosas que Dios le había ordenado:
No regresar (el viejo profeta le dice: Ven conmigo a casa)
No comer(el viejo profeta le dice: come pan)
1 Reyes 13 Versículo 16
El hombre de Dios le responde categóricamente:
No puedo volver contigo se refiere a no regresar por el camino que fue
ni ir contigo No irá con él a comer pan en ningún sitio que le diga.
tampoco comeré pan ni beberé agua contigo en este lugar aunque no tuviera que moverse de ahí. ni siquiera en ese mismo lugar comería o bebería.
1 Reyes 13 Versículo 17
Debemos observar una diferencia notable entre lo que este hombre de Dios le dijo al rey Yerobam en el versículo 9 y lo que posteriormente le expresó al anciano profeta en este versículo.
En el primero, versículo 9, dice: Porque así se me ordenó por palabra del Señor, diciendo: "No comerás pan, ni beberás agua, ni volverás por el camino que fuiste.
En el segundo, versículo 17 dice: Porque un mensaje me fue dado por la palabra del Señor: "No comerás pan, ni beberás agua allí; no volverás llendo por el camino por el que fuiste
Al analizar estas dos declaraciones del mismo hombre de Dios, notamos un cambio significativo, una evolución que podría explicar por qué transgredió una instrucción que parecía tan clara.
En la primera ocasión, el mensaje es categórico y preciso: se trata de una orden directa.
Sin embargo, en la segunda ocasión, él lo describe como un mensaje, una expresión que introduce un cierto grado de ambigüedad y que puede prestarse a interpretación.
Además, en el segundo caso, el hombre de Dios añade ciertas palabras: ni beberás agua allí; no volverás llendo, lo que podría sugerir que su percepción del mandato había cambiado o que estaba reinterpretando la instrucción original.
Malvin explica que, este matiz entre un mandato claro y una interpretación más flexible podría arrojar luz sobre las razones de su transgresión, así como sobre la naturaleza de su diálogo interno al enfrentar estas circunstancias:
En cuanto al mandato de no comer pan en ese lugar, también cabe preguntarse si la intención era prohibirle comer pan allí de forma permanente, incluso si abandonaba el lugar y luego regresaba, o si la restricción solo aplicaba mientras permanecía allí para cumplir su misión profética. Según la segunda interpretación, una vez que hubiera salido del lugar, la prohibición cesaría, y si volviera posteriormente, ya estaría permitido que comiera pan allí sin infringir el mandato.
Respecto a la instrucción de no regresar por el camino que ya había tomado, surge la duda sobre el alcance de esta prohibición. Podría interpretarse que se le prohibía transitar nuevamente cualquier tramo del camino que ya hubiera recorrido, lo que incluiría situaciones como regresar para recuperar algún objeto olvidado durante el trayecto de ida o vuelta. En este caso, se vería obligado a elegir una nueva ruta y evitar el camino previamente transitado. De acuerdo con esta interpretación, no podría regresar desde la encina donde estaba descansando hasta Bet El, ya que ese era un camino que ya había recorrido. Sin embargo, también podría interpretarse que el mandato estaba restringido únicamente al regreso de Bet El hacia Yehudá, requiriendo que utilizara una ruta diferente solo en esa situación específica. Según esta segunda interpretación, estaría permitido que, en medio de su viaje, retrocediera por el camino ya recorrido, lo que le habría permitido volver de la encina a Bet El sin incumplir la orden divina.
1 Reyes 13 Versículo 18
El profeta viejo aprovechó las ambigüedades que el hombre de Dios expresó en el versículo anterior, para brindarle una interpretación permisiva. Asegurándole que el hombre de Dios podía regresar con él a su casa y también comer pan allí, argumentando que la prohibición había dejado de aplicarse en cuanto el profeta abandonó el lugar del altar. Al no tener el hombre de Dios claridad absoluta sobre la prohibición, terminó creyendo las palabras del anciano, quien afirmaba haber recibido una profecía que explicaba la situación de manera diferente. Así, se dejó llevar incrédulamente y regresó con él.
Radak afirma que de aquí podemos saber que se trataba de un profeta falso.
Ralbag se pregunta: ¿por qué fue castigado el profeta que vino de Yehudá? Él creyó que el mandato de regresar a Bet El y comer allí pan era una instrucción del Señor. Después de todo, encontramos en el caso de Abraham que Dios, le ordenó ofrecer a su hijo y posteriormente envió a un ángel que le dijo que no lo sacrifique, prohibiéndole hacerle daño, tal como dice en Bereshit capítulo 22: Aconteció que después de estas cosas, Dios puso a prueba a Abraham, y le dijo: ¡Abraham! Y él respondió: Heme aquí. Y Dios dijo: Toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas, a Itzjak, y ve a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí sobre uno de los montes que Yo te diré … Entonces Abraham extendió su mano y tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo. Mas el ángel del Señor lo llamó desde el cielo y dijo: ¡Abraham, Abraham! Y él respondió: Heme aquí. Y el ángel dijo: No extiendas tu mano contra el muchacho, ni le hagas nada; porque ahora sé que temes a Dios, ya que no me has rehusado tu hijo, tu único.
La respuesta a esta pregunta no es difícil, según lo que hemos explicado sobre la atadura de Itzjak. En aquella instancia, Dios, no revocó su primer mandato, sino que aclaró que su intención original, al decir 'ofrécelo allí como holocausto,' era que lo llevara allí para ofrecerlo y para que Itzjak aprendiera a servir al Señor, no para que sea sacrificado allí. De esta forma no se trata de que Dios "cambio su orden". Sin embargo, en este caso, de haber sido verdead lo que este anciano embustero dijo, entonces eso habría significado una revocación completa de la primera instrucción que Dios le había dado al hombre de Dios, lo cual no es posible. Por lo tanto, el profeta de Yehudá debió haber sospechado que el anciano era un falso profeta y no haber creído en sus palabras.
Algo similar sucedió con Bilham, a quien Dios le había dicho en Bemidbar 22:20 Y Dios vino a Bilham de noche, y le dijo: Si los hombres han venido a llamarte, levántate y ve con ellos … y luego el ángel de Dios sale al encuentro de Bilham para impedirle el camino. También allí no se trataba de que Dios, revocó su primer mandato, sino que aclaró que su intención original, es por eso que en el versículo 34 dice: Y Bilham dijo al ángel del Señor: He pecado, pues no sabía que tú estabas en el camino para enfrentarte a mí. Pero ahora, si te desagrada, me volveré. Y el ángel del Señor respondió a Bilham: Ve con los hombres, pero hablarás sólo la palabra que yo te diga. Venos que no se trata de un cambio de planes, sino de reafirmar, que debe ir pero hacer exactamente lo que Dios le dirá.
Don Itzjak Abarbanel dice que, al parecer, el anciano intentó convencer al hombre de Dios de que ambos compartían la misma perspectiva y nivel espiritual, y que sus creencias y experiencias proféticas eran equivalentes. Incluso insinuó que la profecía sobre el altar en Bet El también le había sido revelada a él. Todo esto se desprende de sus palabras: 'Yo también soy profeta como tú,' lo que implicaba: 'Soy un profeta de Dios como tú, y compartimos un propósito y misión similares.'
Además, el anciano agregó otro elemento diciendo: 'Un ángel me habló por la palabra del Señor.' Con estas palabras quiso transmitir que su encuentro con el hombre de Dios no fue casual, sino que fue producto de un mandato divino recibido a través de un ángel. No reveló que fueron sus hijos quienes le informaron de lo sucedido, sino que afirmó haber sabido todo a través de una revelación profética. Alegó que el ángel le había ordenado, en nombre del Señor, llevar al hombre de Dios de regreso a su casa para que comiera pan y bebiera agua fresca, aliviando así su fatiga.
En este contexto, el anciano también sugirió que la prohibición de comer y beber en aquel lugar, que el Señor había impuesto al hombre de Dios, estaba dirigida a los habitantes pecadores del lugar, quienes adoraban ídolos. Sin embargo, él, siendo un profeta del Señor, no estaba incluido en esa restricción. Por ello, utilizó la expresión: Tráelo contigo a tu casa,' para dejar claro que se refería a un lugar de pureza y santidad, y no a las casas de los idólatras.
1 Reyes 13 Versículo 19
Él debería haber investigado y comprobado si aquel anciano era realmente un profeta verdadero, pero no lo hizo y terminó desobedeciendo las instrucciones que él mismo había recibido. Como consecuencia, su muerte fue dictada por el cielo, tal como está escrito e Debarim 18:19: 'Aquel que no escuche las palabras del profeta que habla en Mi nombre, Yo pediré cuentas de él.' Si esto es así con un individuo cualquiera que escucha el mensaje de in profeta de Dios, con más razón, que así debería ser con el propio profeta que no escucha las palabras que él mismo habló en nombre del Señor.
El hombre de Dios pensaba que el anciano era un profeta genuino, fiel al Señor, y que su casa era un lugar apartado de los idólatras y libre de la maldad que existía en la ciudad.
El hombre de Dios, teniendo hambre y sed, se dejó convencer por el anciano, pensando que la prohibición de comer y beber solo aplicaba a las casas de los habitantes idólatras de Bet El, pero no a la casa de un profeta como él. Sin embargo, en este razonamiento pasó por alto que la instrucción que recibió de parte del Señor era clara y no admitía excepciones, independientemente del lugar o las circunstancias.
El problema principal radica en que el hombre de Dios no solo desobedeció la orden directa del Señor, sino que también ignoró un principio importante: los mandatos divinos no pueden ser anulados ni modificados por otro profeta, a menos que esta nueva instrucción provenga directamente del Señor.
1 Reyes 13 Versículo 20
Don Isaac Abarbanel opina que, la explicación más plausible es que el anciano no actuó con rebeldía ni con intención de perjudicar al hombre de Dios. Por el contrario, interpretó que las restricciones impuestas al hombre de Dios sobre entrar a la ciudad y comer allí no eran un mandato divino explícito, sino una decisión personal del propio hombre de Dios. Según esta idea, el anciano pensó que el hombre de Dios atribuyó estas prohibiciones al mandato divino para evitar ser presionado a ir a la casa de Yerobam. Al creer que estas restricciones no eran absolutas, el anciano lo hizo regresar y le ofreció comida en su casa.
El Señor evalúa las intenciones del corazón, y en este caso no castigó al anciano, ya que su error fue producto de una interpretación equivocada y no de una intención deliberada de desobedecer. Sin embargo, permitió que la profecía le llegara al anciano con dos propósitos específicos. Primero, para que el hombre de Dios fuera confrontado con su pecado y entendiera que su muerte era una consecuencia de la supervisión divina. Segundo, para evitar que Yerobam se jactara de que la muerte del hombre de Dios se debía a su profecía contra el altar. De esta manera, quedó claro que la causa de su muerte fue su desobediencia al mandato divino, y no otra razón.
También Ralbag concuerda con esta idea y dice que, aquí encontramos un fenómeno extraordinario: Dios, permitió que Su espíritu de profecía descansara sobre un falso profeta. Más sorprendente aún, parece que este profeta recibió la revelación mientras estaba despierto, cuando Rambam ya dijo explícitamente en la Guia de los Perplejos que siempre que Dios habla con un profeta es en sueños o luego que recayese sobre él un profundo sopor, tal como dice en la Torá Bemidbar 12:6 Oíd ahora Mis palabras: Si entre vosotros hubiera profeta, Yo, el Señor, me manifestaré a él en visión. Hablaré con él en sueños.
Es por eso que forzosamente debemos asumir que la palabra del Señor llegara al profeta anciano en un sueño mientras él, junto con el hombre de Dios y sus hijos, estaba sentado a la mesa. De la misma manera que Dios hizo reposar Su presencia sobre Bilham por el bien de Israel, aunque Bilham no era un profeta sino un adivino, así también derramó Su espíritu sobre este profeta anciano debido al pecado del hombre de Dios. Esto fue medida por medida: el hombre de Dios creyó las palabras de un falso profeta, lo cual no debía haber hecho, incluso si se tratara de un verdadero profeta. Por eso, fue necesario que escuchara de su boca la palabra del Señor acerca de su pecado y el castigo que merecía.
Por último, hay una interpretación literal que sugiere que la profecía no llegó realmente al anciano, sino al propio hombre de Dios mientras estaba sentado a la mesa. Según esta idea, la expresión "había hecho volver " simplemente indica que la profecía ocurrió debido a las acciones del anciano al hacerlo regresar.
1 Reyes 13 Versículo 21
Malbim dice que este texto subraya un principio clave en las leyes de la Torá: cuando hay alguna duda o falta de claridad con respecto a un mandamiento de Dios, debemos adoptar una postura de rigor y tratar el mandato con la máxima seriedad. El Señor, cuando expresa Sus palabras de forma general y sin especificar excepciones, lo hace con la intención de que tomemos precauciones adicionales y no las tratemos con indulgencia. Esto se refleja en el concepto de guardar los mandamientos, lo que implica observarlos con todas sus condiciones, restricciones y salvaguardias.
Por ello, el hombre de Dios no puede justificar su desobediencia basándose en las palabras del profeta de Bet El. El texto destaca que, el mandato que el hombre de Dios escuchó directamente del Señor tenía una autoridad incuestionable. Ningún mensaje recibido por algún otro intermediario, como otro profeta, puede anular un mandato que recibió explícitamente de Dios, a menos que venga directamente del Señor mismo. Esta regla se aplica de manera estricta en cuestiones de la idolatría, donde incluso ningún profeta, sea cual fuere, no puede ser creído si permite algo que contradiga los principios fundamentales de la idolatría que escuchamos directamente de Dios, como: "Yo soy el Señor tu Dios" y "No tendrás otros dioses." Por lo tanto, nada que diga acerca de obrar idolatría, aunque fuera en forma minoritaria o muy temporalmente.
En resumen, el hombre de Dios, al confiar en las palabras del profeta de Bet El, no actuó de acuerdo con este principio y su error fue no aplicar el rigor necesario para proteger el mandato que recibió de Dios. Esta falta de cuidado lo llevó a transgredir un mandamiento que nunca debería haberse cuestionado o tratado con menos seriedad.
Daat Mikrá señala que, la frase: rebelado contra la palabra del Señor, se refiere a no guardar estrictamente un mandamiento específico que Dios le otorgó. Así lo encontramos en la Torá, con Moshé y Aaron en Bemidbar 20:12 Entonces Moshé levantó su mano y golpeó la piedra dos veces con su vara, y brotó agua en abundancia, y bebió el pueblo y sus animales. Entonces el Señor dijo a Moshé y a Aarón: Porque vosotros no me fuisteis fieles a fin de santificarme ante los ojos de los hijos de Israel, por tanto no conduciréis a este pueblo a la tierra que les he dado ... porque vosotros os rebelasteis contra Mi palabra en las aguas de Meriba.
Algo similar encontramos con el rey Shaul, cuando Dios le ordeno por intermedio del profeta Shmuel, que aniquile a toda la simiente de Amalek y todo lo que a ese pueblo le pertenezca, pero Shaul dejó con vida al rey y al ganado: Me arrepiento de haber hecho rey a Shaul, porque ha dejado de ir en pos de Mí y no ha cumplido Mi palabra. Shmuel I capítulo 15.
Para entender ¿por qué Dios castiga solo al hombre de Dios y no al anciano profeta que le mintió? Ver más adelante la explicación al versículo 32.
1 Reyes 13 Versículo 22
Malbim explica que el hombre de Dios regresó y comió pan en Bet El, lo cual constituyó una transgresión directa al mandato del Señor. Es importante destacar que también fue castigado por haber regresado por el mismo camino, ya que la prohibición especificaba no regresar a Bet El, sino dirigirse al territorio de Yehudá y hacerlo por una ruta distinta. Esto, sumado al acto de comer en el lugar donde se le había prohibido hacerlo, representó una desobediencia clara y contraria a lo que Dios le había ordenado.
Estas prohibiciones tenían un carácter permanente y no admitían excepciones, ya que el Señor había dejado en claro que no debía incumplirlas bajo ninguna circunstancia. Por ello, al regresar, al comer y al beber allí, se consideraron estas acciones como una desobediencia grave que justificaba un castigo.
Radak dice que, cuando dice: tu cadáver no entrará en el sepulcro de tus padres, esto indica que no regresará a la tierra de Yehudá ni morirá allí, sino que morirá en el camino. Al decirle 'tu cadáver', le insinuó que su cuerpo quedará abandonado en el camino.
Daat Mikrá sostiene que este castigo que Dios le otorga, es proporcional a lo que el hombre de Dios había hecho. Él no regresó al territorio de Yehudá tal como Dios le había dicho, y regresó a Bet El en donde tenía prohibido volver, de la misma manera, ahora se quedará en Bet El (morirá allí) y no regresará a su territorio en Yehudá.
1 Reyes 13 Versículo 23
Malbim dice que el asno pertenecía al profeta anciano. El hombre de Dios había llegado a Bet El caminando, sin poseer un asno propio, lo que refuerza la idea de que aceptó un bien material que no debía haber recibido.
Después de que el hombre de Dios comió, su transgresión inicial llevó a otra. Una vez que cedió a la tentación de comer, no se detuvo, sino que continuó comiendo hasta terminar, lo que demuestra cómo una falta puede arrastrar a otra si no se detiene a tiempo. Además, aceptó un asno del profeta anciano, aunque debería haber reflexionado que, si el Señor le prohibió comer en ese lugar, con mayor razón no debía recibir obsequios o beneficios materiales de sus habitantes. Su error fue no aplicar este razonamiento, lo que agravó aún más su transgresión.
Daat Mikrá señala que, a diferencia de la primera ocasión en la que el profeta anciano pidió a sus hijos que le ensillaran el asno, esta vez él mismo lo hace. Es posible que este gesto refleje respeto y consideración hacia el hombre de Dios.
Al ver la profunda consternación en la que estaba sumido el hombre de Dios, el anciano pudo haberse sentido responsable por el sufrimiento que le causó. Su remordimiento lo llevó a honrarlo de la mejor manera posible, incluso ofreciéndole su propio asno para que el viaje de regreso a Yehudá, fuera más cómodo y digno.
1 Reyes 13 Versículo 24
Daat Mikrá destaca la gran devoción del hombre de Dios, quien aceptó plenamente el veredicto divino y se sometió a él sin intentar eludirlo. No buscó retrasar su salida para ganar tiempo y salvarse, sino que abandonó Bet El de inmediato. Su decisión demuestra su compromiso con la obediencia, ya que prefirió enfrentar su castigo antes que permanecer más tiempo en un lugar donde continuaría transgrediendo el mandato divino de no quedarse allí.
El hombre de Dios eligió la muerte en lugar de prolongar su vida con la carga de haber desobedecido la orden del Señor. Su actitud refleja una profunda conciencia del peso de su error y su disposición a aceptar las consecuencias sin intentar evadirlas.
En las Escrituras encontramos que, en la época bíblica, los leones habitaban la ribera del Jordán y, ocasionalmente, ascendían a las montañas circundantes, donde atacaban ganado o personas que transitaban por los caminos.
Ralbag destaca que este evento fue un milagro extraordinario, pues el león mató al hombre de Dios pero no atacó ni al asno ni al cadáver. Lo usual sería que un león, al cazar, destrozara todo a su alrededor, devorando a su presa y posiblemente atacando a otros animales cercanos. Sin embargo, en este caso, el león permaneció inmóvil después de matar al hombre de Dios, sin dañar al asno ni consumir el cuerpo.
El león, representa a la tribu de Yehudá, tal como figura en la bendición de Yaacob a Yehudá en Bereshit 49:9 Cachorro de león es Yehudá; de la presa, hijo mío, has subido. Se agazapa, se echa como león. Como leona, ¿quién lo despertará? El hombre de Dios, siendo originario de Yehudá, tal como dice en el versículo 1, él tenía la misión de reprender a Yerobam y al pueblo de Israel por su desviación de los mandatos divinos, en particular por la construcción de altares y la realización de ofrendas fuera del Templo de Jerusalén. Sin embargo, al no obedecer completamente la palabra de Dios, él mismo se convirtió en objeto de corrección. En este sentido, el león, que representa a Yehudá, actúa como instrumento de justicia divina, y alecciona al hombre de Dios que no cumplió la palabra de Dios.
1 Reyes 13 Versículo 25
Este detalle enfatiza la rapidez con la que se cumplió el veredicto divino. La proximidad entre la ciudad del anciano profeta y el lugar del suceso indica que, apenas el hombre de Dios dejó la ciudad, la sentencia de Dios se ejecutó sin demora. Esto refuerza la idea de que el castigo era inevitable y que la justicia divina opera de manera precisa, cumpliéndose en el momento y lugar determinados.
Además, el hecho de que la noticia del castigo se difundiera principalmente en la ciudad del anciano profeta sugiere que había un propósito en que este fuera testigo de las consecuencias de su interacción con el hombre de Dios.
El texto enfatiza que el cadáver quedó en medio del camino, no a un costado, de manera que cualquier persona que transitara por allí lo vería y el evento se convertiría en un hecho público. Otro detalle sorprendente es que el león no devoró a su presa, lo cual es contrario a su naturaleza, y tampoco atacó al burro, que habría sido una presa más fácil y con más carne para comer.
Más sorprendente aún es la actitud del asno, que no huyó para salvar su vida y, en cambio, permaneció al lado del león—aunque lo natural sería que escapara ante la presencia de un depredador mortal.
Esta escena, en que había un cadáver sin ser consumido, siendo custodiado por un lado por el león y por el otro por un asno, indudablemente transmitía a todos un mensaje inequívoco: lo ocurrido no fue un evento fortuito, sino un acto de Dios, diseñado para servir como señal y advertencia.
Este fenómeno ocurrió por voluntad del Señor para que la gente pudiera reconocer que la muerte del hombre de Dios no fue un hecho común, sino un castigo divino por su desobediencia. Al ver lo sucedido, quienes presenciaran el evento tendrían la oportunidad de reflexionar sobre la gravedad de desafiar las órdenes del Señor y aprender de ello.
Además, este acontecimiento pudo haber servido como una advertencia para Yerobam. Si un profeta tan cercano a Dios fue castigado de una manera tan extraordinaria por una falta que, a simple vista, parecía menor, entonces el propio Yerobam, cuya transgresión era mucho mayor, debería haber entendido la urgencia de abandonar su camino de pecado antes de que también sufriera el juicio divino.
Este episodio no solo representa el castigo del hombre de Dios, sino también un mensaje claro sobre la justicia y la supervisión del Señor sobre los acontecimientos del mundo.
1 Reyes 13 Versículo 26
Daat Mikrá señala que el versículo especifica que el versículo que ese anciano era el profeta que le había hecho volver del camino, con el propósito de enfatizar su sentimiento de culpa por lo sucedido, para recalcar que aquel anciano, tenía cargo de conciencia por lo sucedido, pues todo ocurrió por su culpa. (ver explicación al versículo 18).
No obstante, este mismo anciano será el encargado de anunciar y hacer público el accionar divino, dejando claro que lo ocurrido no fue un simple incidente fortuito ni una desgracia común, sino una lección de Dios. Por ello, en su declaración, menciona el nombre de Dios tres veces dentro del versículo, enfatizando que todo lo sucedido fue parte de un propósito divino y no una coincidencia.
Cabe destacar que el versículo dice el león que lo ha desgarrado y matado, pero no menciona que lo haya devorado. Esto subraya que el león no actuó conforme a sus instintos naturales de depredación, sino que únicamente cumplió su papel como instrumento de Dios para ejecutar el castigo. Su comportamiento anómalo refuerza la idea de que este evento no fue un acto natural de cacería, en donde el león mata a su presa para devorarla, sino un acto controlado por la voluntad divina.
1 Reyes 13 Versículo 27
Este anciano, no permanece pasivo, sino que, pasa a la acción, tal vez su cargo de conciencia lo impulsa, o el honor y respeto de aquel hombre de Dios, lo impulsa a no dejar su cuerpo tirado en el camino, sino proveerle un entierro digno.
El anciano no se queda indiferente ante lo sucedido. Ya sea por el profundo remordimiento que siente por su papel en el castigo del hombre de Dios, o por el respeto que ha desarrollado hacia él, se mueve a la acción para darle un entierro digno.
No permite que el cuerpo permanezca abandonado en el camino, expuesto y sin honra, sino que se encarga de ofrecerle una sepultura adecuada.
El anciano reconoce la grandeza del hombre de Dios y la importancia de preservar su memoria sin deshonra. No es solo un acto práctico, sino una expresión de respeto y consideración hacia alguien que, pese a su error, seguía siendo un verdadero mensajero del Señor.
Si hubiese dejado su cuerpo abandonado, algunos podrían haber llegado a la conclusión errónea de que se trataba de un falso profeta. Esto, a su vez, habría dado a Yerobam la falsa impresión de que todo el mensaje y la profecía sobre la destrucción del altar eran infundados y sin valor.
Por esta razón, el anciano se ocupa de darle un entierro digno, asegurándose de que reciba respeto y honor. Con este gesto, reafirma la autenticidad del hombre de Dios, demostrando que se trata de alguien realmente digno y respetado, cuya misión y mensaje continúan teniendo peso y significado.
1 Reyes 13 Versículo 28
Tal como dijimos antes en el versículo 24 y 25, el comportamiento del león en este episodio es completamente extraordinario. Si hubiera atacado por hambre, lo natural habría sido que devorara el cadáver. Si el ataque se hubiera producido por agresión o enojo, entonces también habría destrozado al asno. Sin embargo, no hizo ninguna de las dos cosas, sino que permaneció junto al cuerpo del profeta, como si estuviera cumpliendo una misión específica, como un guardián junto al cuerpo, hasta que este fuera llevado a su sepultura.
De manera igualmente sorprendente, el asno no huyó, a pesar de estar junto a un depredador mortal. En condiciones normales, cualquier animal en su lugar habría escapado instintivamente por su vida, pero este permaneció allí quieto, para que el cuerpo del profeta pudiera ser transportado sobre él con dignidad para su sepultura.
Este detalle también encierra un mensaje profundo: incluso el león, un animal irracional, obedeció la voluntad de Dios y no actuó en contra de Su decreto. Esto refuerza la idea de que el hombre de Dios, quien tenía razón y discernimiento, debería haber sido aún más cuidadoso en acatar fielmente el mandato divino, haciendo exactamente lo que Dios le encomendó, evitando cualquier desviación o transgresión.
1 Reyes 13 Versículo 29
El versículo nos relata que el anciano, a pesar de su avanzada edad, se esfuerza y personalmente se ocupa del cuerpo del hombre de Dios.
Cabe destacar que, según la ley judía, existe un mandamiento que obliga a enterrar a cualquier persona que no tenga quien lo haga por ella. Este acto es considerado una de las mayores expresiones de bondad y misericordia hacia el fallecido, ya que es una obra completamente altruista.
No obstante, el anciano no quería que su acción fuera interpretada únicamente como el cumplimiento del mandamiento de enterrar a quien no tiene quien lo haga. Si ese hubiese sido su único propósito, la obra de bondad y misericordia habría concluido con el entierro en sí, sin necesidad de lamentarse por él.
Sin embargo, al expresar su duelo y lamentarse profundamente, como se menciona en el versículo siguiente, demuestra que lo hizo por el honor del hombre de Dios y para dejar claro que no se trataba de un falso profeta, sino de alguien digno y respetado.
1 Reyes 13 Versículo 30
Lo enterró allí y no lo envió a Yehudá, que era el territorio de donde era oriundo el hombre de Dios, pues así había decretado Dios en el versículo 22 tu cadáver no entrará en el sepulcro de tus padres.
1 Reyes 13 Versículo 31
1 Reyes 13 Versículo 32
Acorde a la opinión de Malbim, según los Sabios, el anciano era en realidad un falso profeta. Y esto lo vemos tajantemente en su pedido de ser enterrado junto al hombre de Dios, Este comentario enfatiza que la salvación de sus huesos no fue por mérito propio, sino únicamente porque estaban junto a los huesos del verdadero profeta. Su falta de mérito propio se evidencia en el hecho de que, en el futuro, cuando el rey Yoshiahu llevó a cabo la reforma religiosa y destruyó los lugares de culto ilegítimos, los huesos del hombre de Dios fueron protegidos, y por ello fueron protegidos también los del anciano.
Esto demuestra que el anciano no fue preservado por su propia virtud, sino únicamente por su asociación con el verdadero profeta. Esto sugiere que si sus restos no hubieran estado junto a los del hombre de Dios, habrían sido destruidos sin ninguna distinción, pues él no tenía un mérito independiente que justificara su preservación. Este detalle refuerza la idea de que el anciano, a pesar de sus acciones, no poseía la misma autoridad ni reconocimiento que el hombre de Dios. Su destino final dependió completamente de su vínculo con él, lo que demuestra que, en última instancia, no fue visto como un profeta legítimo, sino como alguien cuyo mérito solo existía en función de su relación con el verdadero mensajero divino.
No obstante, Don Isaac Abarbanel quiere ver en este anciano alguien con un poco de mérito propio, y por eso Dios no lo castiga severamente como lo hizo con el Varón de Dios. Y se basa en este pasaje que resalta que el anciano, si bien no era un profeta verdadero, no obstante, no era un profeta pagano, como podría haberse pensado en un principio. Su intenso duelo por el hombre de Dios, quien había profetizado contra el altar y contra los sacerdotes que ofrecían sacrificios fuera del marco divino, demuestra o que aquel anciano había vuelto de sus falsas creencias, o que bien reconocía la veracidad del mensaje profético.
Además, su decisión de ordenar que sus propios huesos fueran sepultados junto a los del hombre de Dios confirma que no estaba en oposición a su profecía. De haber sido un falso profeta o alguien alineado con la idolatría, habría despreciado la memoria del hombre de Dios en lugar de querer compartir su destino eterno.
Según Don Isaac Abarbanel, este detalle sugiere que el anciano, en algún momento de su vida, pudo haber formado parte de los aprendices de los profetas, instruyéndose en su camino con la aspiración de alcanzar ese nivel elevado. Por esta razón, se vinculaba constantemente con personas que recibían revelaciones divinas y era conocido en su comarca como alguien distinguido en ese ámbito.
Al establecerse en Bet-El sin apartarse de allí, quedó en una especie de retiro espiritual. No obstante, cuando escuchó al hombre de Dios, sus palabras tuvieron un impacto profundo en él, llevándolo a creer firmemente en su autenticidad y a sentir compasión por su situación. Movido por este sentimiento, decidió llevarlo a su casa, temiendo que muriera de hambre y sed en el camino.
Por eso, tras su muerte, el anciano lo llamó "hermano", lo lamentó profundamente y quiso asegurarse de que su profecía se reconociera como verdadera. Tal vez este sea el motivo por el cual Dios no lo castigó tan severamente como había hecho con el hombre de Dios, pues vio que la intención de su corazón era buena.
Según los Sabios, este reconocimiento explica por qué, posteriormente, el anciano pudo expresar verdades proféticas, como lo demuestra su declaración: "Porque ciertamente sucederá lo que él clamó por palabra del Señor contra el altar en Betel y contra todas las casas de los lugares altos que están en las ciudades de Shomrón."
Mientras que el hombre de Dios había profetizado únicamente sobre el altar de Bet-El, el anciano amplió el mensaje al abarcar todos los lugares de culto donde, varios siglos después, el rey Yoshiyahu ejecutaría una purga de idolatría, eliminando cualquier vestigio de prácticas paganas en su reino.
El texto menciona Shomrón, a pesar de que en ese momento aún no había sido fundada, pues su construcción se llevaría a cabo más adelante, bajo el reinado de Omrí. Este detalle refuerza la idea de que las palabras del anciano no fueron meras reflexiones personales, sino que contenían un grado de inspiración divina, lo que permitió que su predicción se alineara con el futuro cumplimiento de la reforma de Yoshiahu.
Más adelante, este anciano tuvo el mérito de que sus huesos fueran protegidos de la quema, como se menciona en Reyes II 23:16 Entonces dijo: ¿Qué monumento es éste que veo? Y los hombres de la ciudad le dijeron: Es el sepulcro del hombre de Dios que vino de Yehudá y proclamó estas cosas que has hecho contra el altar de Bet El. Y él dijo: Dejadlo en paz; que nadie moleste sus huesos. Así dejaron sus huesos intactos con los huesos del profeta que vino de Shomrón
Continúa Abarbanel señalando que es importante notar que ni el hombre de Dios ni el anciano mencionaron los becerros de oro, sino solamente los altares y lugares de culto. Esto se debe a que, en el momento de su establecimiento, los becerros no fueron creados con intención idólatra, como se explicó anteriormente. En ese tiempo, el verdadero pecado estaba en la existencia de altares fuera de Jerusalén e impedir que el pueblo de Israel pudiera acudir al Templo en las fiestas de las peregrinaciones, como había ideado Yerobam, estrategia que tenía el propósito de desvincular a Israel del centro espiritual de Jerusalén, lo que representaba una clara desviación de la voluntad divina.
Este pasaje nos ofrece un profundo entendimiento sobre el papel del anciano, su evolución espiritual y su esfuerzo por redimirse, asegurando que la profecía del hombre de Dios no fuera desestimada, sino que quedara establecida como una verdad divina.
Seguramente las palabras de este anciano, que le dio tanto honor e importancia al hombre de Dios y aseguró que sus palabras se cumplirían, habrá hecho mucho impacto e impresión en las demás personas y tal vez también en Yerobam.
1 Reyes 13 Versículo 33
Radak agrega que, ni siquiera después de haber escuchado del prodigio en el que el león permaneció junto al cadáver del profeta sin devorarlo ni atacar al asno, persistió en su comportamiento corrupto. No solo no corrigió su rumbo, sino que continuó promoviendo el pecado, designando sacerdotes para los altares ilegítimos entre la gente común, permitiendo que cualquiera que quisiera ofrecer sacrificios en una plataforma pudiera hacerlo, sin las condiciones adecuadas para el sacerdocio.
Cada día aumentaba el pecado, hasta que se convirtió en un desastre continuo. Así, la expresión ‘Y fueron sacerdotes de los altares’ indica que cualquiera podía ser sacerdote en estos lugares de culto alternativos.
Malbim acota lo que dicen los Sabios, en el midrash en el tratado de Sanedrín 102 a, en donde se relata que, figurativamente, Dios 'sujeta a Yerobam por su ropa' y le dice: ‘Vuélvete, y yo, tú y el hijo de Ishai (David) caminaremos juntos en el Jardín del Edén.’ Yerobam preguntó: ‘¿Quién irá a la cabeza?’ A lo que Dios respondió: ‘El hijo de Ishai irá primero.’ Al escuchar esto, Yerobam respondió: ‘Si es así, no lo quiero.’
Este relato simbólico refleja que cuando el hombre de Dios llegó a él mientras estaba junto al altar, era como si Dios lo estuviera deteniendo físicamente para evitar que persistiera en su traición y malas acciones. Además, cuando Dios le restauró la mano, esto fue una señal de que le daba la oportunidad de arrepentirse y volver a su favor.
Sin embargo, la razón por la que no se arrepintió fue su orgullo y su deseo de poder. Temía que, si permitía que el pueblo volviera a Jerusalén, David (y su dinastía) conservaría la autoridad espiritual y él quedaría en un segundo plano.
El texto señala que Yerobam continuó estableciendo sacerdotes en los lugares de culto ilegítimos, ya fuera por su orden directa al seleccionar personas comunes para servir como sacerdotes, o porque la gente misma se autoproclamaba como sacerdotes al ofrecer sacrificios en los altares.
La frase ‘Y fueron sacerdotes en los altares’ indica que, aunque escucharon la profecía del hombre de Dios que advertía que sus huesos serían quemados en el futuro, no tomaron en serio la advertencia ni corrigieron su comportamiento.
Este pasaje nos muestra la resistencia de Yerobam a cambiar, a pesar de todas las señales y oportunidades que recibió. Su apego al poder y su temor de perder autoridad hicieron que ignorara incluso las advertencias divinas más evidentes, lo que finalmente llevó a la destrucción de su dinastía
Una perspectiva completamente diferente es la de Yosef ben Matatiahu. Según su opinión, en un principio, cuando ocurrió el episodio de su mano paralizada y la ruptura del altar, Yerobam tuvo un momento de duda y consideró detenerse. Sin embargo, al enterarse de que el hombre de Dios había sido devorado por un león, interpretó este suceso como una señal de que se trataba de un falso profeta.
En su razonamiento, si el profeta hubiera sido realmente enviado por Dios, habría contado con el mérito suficiente para salvarse y regresar con vida a su ciudad. Al no haberlo logrado, y haber tenido una muerte tan fuera de lo común, Yerobam concluyó que no debía darle importancia a lo ocurrido y, convencido de su propia interpretación, siguió adelante con su plan, aferrado a su errónea visión y haciendo que todo el pueblo de Israel se aleje del santuario de Dios en Jerusalem.
Tal vez los hombres de la tribu de Levi y los sacerdotes que había designado Yerobam, ellos sí tomaron muy en serio las palabras del hombre de Dios y se apartaron de servir,
Daat Mikrá deduce del versículo que, posiblemente, Yerobam abandonó temporalmente la idea de los altares, pero con el tiempo la retomó. Esto se evidencia en la expresión del versículo "Después de este hecho", lo que sugiere que hubo un intervalo entre los acontecimientos y que el cambio no ocurrió de inmediato.
Asimismo, es posible que los hombres de la tribu de Levi sí tomaran en serio las palabras del hombre de Dios y decidieron retirarse a Jerusalem, lo que dejó al reino de Israel sin sus maestros ni quien pudiera instruirlos en los temas de Torá. Este vaciamiento espiritual de las 10 tribus habrá ido cuesta abajo haciendo que el pueblo cada vez sea más ignorante y alejado de los preceptos de Dios, esto lo veremos más claramente en el próximo capítulo (14_9), cuando Dios amonesta a Yerobam, Tú has hecho más mal que todos los que fueron antes de ti, y fuiste e hiciste para ti otros dioses e imágenes fundidas para provocarme a ira, y Me arrojaste detrás de tus espaldas. Esta crisis espiritual que provocó Yerobam causó que llegaran a esa decadencia.
También los sacerdotes que Yerobam había designado temieron las palabras del hombre de Dios y decidieran apartarse del servicio en esos altares ilegítimos de Yerobam. Como consecuencia, todos los sacerdotes anteriores renunciaron, es por eso que fue necesario volver a hacer sacerdotes para los lugares altos de entre el pueblo seleccionándolos de entre el pueblo común, porque los anteriores, renunciaron todos.
1 Reyes 13 Versículo 34
Su obstinación y pecado llevaron finalmente a su destrucción total. Su falta de arrepentimiento provocó la ira de Dios contra su casa, que fue condenada a ser eliminada de la faz de la tierra.
Don Isaac Abarbanel dice que, el altar único en la Casa de Dios representaba la unidad absoluta del Creador. La Torá instruye claramente en Deuteronomio 12:13: ‘Cuídate de no ofrecer tus sacrificios en cualquier lugar… sino solo en el sitio que el Señor elija.’ Por lo tanto, el hecho de que Yerobam promoviera la práctica de ofrecer sacrificios en lugares de culto alternativos indicaba un desprecio por la palabra de Dios y una ruptura con Su pacto.
Además, al nombrar sacerdotes de entre la gente común, ignoró el mandato divino de elegir exclusivamente a la tribu de Leví para el sacerdocio. Desde la época de Koraj, la vara de Aarón, colocada ante el Arca del Testimonio, servía como señal para disuadir a todo el pueblo, de que los sacerdotes solamente serían los descendientes de Aaron. Sin embargo, la conducta de Yerobam reflejaba la misma actitud de Koraj y su congregación, quienes desafiaron el liderazgo establecido por Dios.
Por esta razón, Yerobam merecía un destino similar al de Koraj y sus seguidores, quienes fueron tragados por la tierra como castigo por su rebelión. Para destacar este paralelo, el texto utiliza la expresión ‘fue borrada y destruida de sobre la faz de la tierra’ indicando que la suerte de Yerobam estaba sellada, reflejando la suerte de Koraj y su grupo, quienes también habían actuado de manera similar.
Este pasaje enfatiza el impacto de las acciones de Yerobam y su total desconexión con el mandato divino. Su intento de establecer una alternativa al Templo no solo desvió a Israel espiritualmente, y en última instancia llevó a la destrucción del reino que Yerobam pretendía perpetuar.